LA NUEVA FISCALIDAD PARA EL CAPITALISMO DE VIGILANCIA. La imposición al excedente de comportamiento.

 

TULIO ROSEMBUJ

Catedrático. Profesor Invitado Università LUISS Roma.

 30 de mayo de 2019

ABSTRACT

Surveillance capitalism, in the correct expression of Zuboff, is a threat to the freedom and independence of the person. The right to privacy is a public good and a common good subject to the protection of the public domain. The excessive profit of few organizations comes from the appropriation of personal data and its transformation into predictive products aimed at transforming the behavior of the individual. The whole economy lives digital eves with emotion and cynic enthusiasm. New technologies bring evils rather than well-being. The data that originate the excess profits must serve to create a social dividend, minimum guaranteed income, which serves to moderate the negative externality of technological unemployment and prevent the self-regulation of the digital market. The exploitation of personal data is a labor dividend of human capital that should be paid to each and every one of the owners and in their proportion. The data is the new category of work, which requires classification, categories, representativeness and new legislation. Digital user is the new intellectual creator without whose participation there would be no digital excess profit. The tax must be borne by the companies that obtain it because they do not pay any tax on it, which, as an almost obvious finding, is what happens nowadays, with the digital economy. The person is the mine of digital wealth. The rare minerals mine rewards its exploiter with a Ricardian monopoly superpower. The creation of a digital super-platform by the platform in any jurisdiction where it acts, free or onerously, favors that the income obtained from the capture of users as its raw material can grant the State the right of imposition.

 

“Un nuevo orden económico que califica la experiencia humana como materia prima gratuita para prácticas comerciales ocultas de extracción, predicción y ventas.”

Soshana Zuboff, The Age of Surveillance Capitalism. The fight for a human future at the new frontier of power. Public Affairs Hachette Books Group, New York, 2019.

 

 

1.El capitalismo de vigilancia.

2.Las plataformas digitales y la subordinación de la economía convencional.

3.El dividendo social. El recurso natural y común. La renta mínima garantizada.

4.El dividendo laboral del capital humano.

5.Los datos como trabajo. Los creadores intelectuales.

6.La subsidiariedad, los bienes públicos y los bienes comunes.

7.La superrenta digital. Behavioral surplus.

8.Productos predictivos. Los derivados digitales. La especulación por inferencia.

9.El impuesto sobre los datos personales. La localización de renta específica. La renta Ricardiana. Recursos Naturales.

 

1.El capitalismo de vigilancia.

El capitalismo de vigilancia califica unilateralmente la experiencia humana como materia prima gratuita para su traducción utilitaria en datos comportamentales.

Zuboff penetra en el núcleo de la economía digital, partiendo de una constatación que le resulta insoslayable: su esencia es la captura libre y gratuita de los datos de las personas para promover su comportamiento futuro y la transformación de los datos en mercancía informacional.El propósito es la obtención del excedente de comportamiento, la plusvalía que deriva del comercio de la colección, almacenamiento y tratamiento de los datos personales e ingeniería de futuro.

La mercancía informacional es la manufactura de productos predictivos “que anticipan lo que Usted hará ahora, pronto o después.” (Zuboff).

El producto es la tentativa de traducir anticipadamente el comportamiento de las personas para asegurar el beneficio pretendido de su verificación, aún a pacto de la modificación de la conducta, o, precisamente, para que eso suceda.

La experiencia humana convertida en mercancía informacional propone la apropiación de los datos de la persona para su inmersión como producto predictivo en el mercado, a la sazón, de la conducta o comportamiento humano.

De pronto, la primera materia es la propia materia humana y su desposesión precede a la manufactura preordenada de productos intangibles de transformación de comportamientos, antes fundado en la libre decisión de la persona.

La intuición de Polanyi indica que la “gran transformación” durante la Revolución Industrial emplea como vehículo la creación de mercancías ficticias – trabajo, tierra y dinero- para la apropiación de los recursos por el mercado autorregulado y la expropiación de sus titulares hasta entonces. (K. Polanyi, La grande trasformazione, Torino,2010). 

“El punto crucial es este: trabajo, tierra y moneda son elementos esenciales de la industria; también ellos deben ser organizados en mercados porque forman una parte absolutamente vital del sistema económico; sin embargo, no son obviamente mercancías, y el postulado por el cual todo lo que se compra y vende debe ser producido para la venta es absolutamente falso. En otras palabras, según la definición empírica. de mercancías no son mercancías…En lo que respecta al trabajo, tierra y moneda el postulado es insostenible; permitir al mecanismo de mercado ser el único elemento directivo del destino de los seres humanos y de su ambiente natural e inclusive de la cantidad y empleo del poder de compra llevaría a la demolición de la sociedad.”

Las “mercancías ficticias” ilustran la conformación del trabajo a la dinámica de los mercados donde puede ser objeto de compraventa; la naturaleza sometida al mercado renace como tierra o propiedad inmobiliaria y el intercambio de bienes y servicios ocurre solo por dinero. El mercado autorregulado es fuente de efectos perniciosos cuando se sostiene en mercancías de ficción.

Ahora, el capitalismo de vigilancia transforma la apropiación de los datos personales como materia prima gratuita y libre en productos predictivos como un objetivo de “rendimientos garantizados” (Zuboff) y, finalmente, en excedente de comportamiento derivado del comercio en nuevos mercados de comportamiento sin regulación ni medidas de construcción legal, sean fiscales o puramente administrativas. La persona es el más valioso de los recursos naturales a disposición del algoritmo, que ve su riesgo de destrucción subordinada a la finalidad del máximo beneficio derivado del cambio de comportamiento. Una nueva mercancía ficticia.

El movimiento del capitalismo de vigilancia aprovecha la mercantilización del trabajo, tierra y dinero, para un salto hacia delante en la producción de beneficios, intangible e inmaterial, cual es la datización de los factores de producción, del flujo de datos de la experiencia humana.

Los datos se convierten en nuevos mercados sin regulación aparente, sumando aquellos que se extraen de la experiencia humana, de la información sobre la persona en toda su dimensión, segmentos, caracteres.

La apropiación de la experiencia humana es la primera de las etapas de la economía digital, de la economía de la información. Y comporta la creación de mercancías adecuadas para el mercado de comportamientos de segmentos sociales, países, bien definidas como mercancías informacionales, cuyo valor se basa en la información de masa que contienen, información hasta ahora de propiedad exclusiva y excluyente de cada persona, pero, también, del trabajo, de la tierra, del dinero. La economía digital digitaliza todo lo que es fuente de excedente comportamental, incluidos los factores de producción tradicionales. Una vuelta de tuerca en cuya virtud las ya conocidas mercancías ficticias se elevan a una nueva ficción artificial, al socaire de la innovación digital.

La mercancía informacional es el resultado de la captura de los datos personales y propicia el comercio y la monetización de la información con los que se producen los nuevos productos predictivos.

La mercancía informacional no es una mercancía física o material ni un servicio. Es un bien de información digital o virtual de formulación y naturaleza intangible, abocado al comportamiento futuro de la persona, que aspira a predeterminar y cambiar. Un mercado de futuro sometida a la construcción interesada de la sociedad algorítmica, de inspiración oligopólica, pero de difusión universal.

La denominación producto predictivo ilustra su configuración algorítmica: es un vehículo de correlaciones, inferencias, pautas, de su destinatario, a partir de los datos personales de los que fue desposeído. Un resultado que se quiere secreto, indescifrable, ilegible para evitar obstáculos al objetivo del superbeneficio de comportamiento humano que se persigue.

La predicción es el abuso programador de los datos personales para elaborar perfiles de conducta. O, mejor, la predicción es la consecuencia necesaria de la datización (datafication). Sin datos personales el algoritmo no serviría y sin algoritmo la digitalización no podría ocurrir.

La contribución deriva del análisis sistémico de los datos de masa, por la potencia de cálculo, de los ordenadores, de programación de las máquinas inteligentes, dotadas de la vana pretensión de aprendizaje y que concluyen en normas de hecho de cariz algorítmico.

El producto predictivo es un bien virtual de información cuyo “valor se basa en la información que contiene” (Ledhonvirta-Castronova). Pero ello siendo necesario no es suficiente: es un bien de información de contenido retributivo. El mercado premia con ganancias a sus productores, programadores, intermediarios. (V. Ledhonvirta, E.Castronova, Virtual Economics. MIT, 2014. El bien virtual destaca por su función, que lo diferencia del bien digital y, sobre todo, porque el mercado los convierte en bienes rivales y de exclusión.

El producto predictivo, el algoritmo que lo mueve, concede premios o sanciones, ventajas o desventajas, desde la cúspide inaccesible de su programador. El que lo sufre ni siquiera sabe el porqué.

El uso de la mercancía informacional, exactamente como ocurrió con las mercancías del trabajo, de la tierra, del dinero, no necesita más justificación que la mera existencia de un mercado para tal información. La mercancía informacional – el producto predictivo- cuyo contenido es la intimidad de la persona, significa su aptitud para ser parte de cualquier mercado donde pueda generar beneficios.

El producto predictivo debe gravarse donde se crea su valor. Los beneficios deben gravarse donde se origina su valor. El principio adoptado por el BEPS ilustra que los beneficios deben gravarse donde las actividades económicas que generan los beneficios se desarrollan y donde el valor se crea.

El valor de la mercancía informacional es el algoritmo; pero no solo. El valor significativo es el usuario. El principal valor de la mercancía informacional es el dato personal que le sirve de fundamento. Sin base humana, sin materia prima, no hay algoritmo que valga. El producto predictivo vale cuanto de número de usuarios que faciliten la posesión al acceso y suministro de sus datos personales.

Otro concepto vecino es la distinción entre creación de valor y extracción de valor. La extracción de valor implica actividades “localizadas en movimientos en torno a los recursos y productos existentes con ganancias desproporcionadas del consiguiente comercio.” (M. Mazzucato, The Value of Everything. Making and Taking in the Global Economy, Penguin,2018). 

Es difícil por no decir imposible entender la transformación digital si, en la reflexión compartida de Zuboff, Cohen, Cheyney-Lippold, no se atina a describir que el dato es el valor, que el dato elaborado es creación de valor y que el comercio de productos predictivos es la extracción de valor.

Una de las claves del capitalismo de vigilancia es la extracción de valor de los datos personales para su posterior aprovechamiento en la apropiación del valor creado. El valor creado es consecuencia de la extracción libre y gratuita de valor. Son los datos personales los que alimentan, como primera materia, la creación de la superrenta digital.

La crítica al BEPS y a la UE sobre la creación de valor como base de imposición no tiene otra justificación que ideología conservadora. Aún más, cuando se advierte que todo será explotación digital, lo sea o no, en el curso de futuro económico inmediato.

La UE diferencia entre datos personales y datos no personales. Estos últimos resultan de la expansión del Internet de las Cosas, inteligencia artificial y machine learning, sobre todo, en su aplicación a la producción industrial automatizada.

“Specific examples of non-personal data include aggregate and anonymized datasets used for big data analytics, data on precision farming that can help to monitor and optimize the use of pesticides and water, or data on maintenance needs for industrial machines. If technological developments make it possible to turn anonymized data into personal data, such data are to be treated as personal data, and Regulation (EU) 2016/679 is to apply accordingly.” (Regulation EU 2108/1807 14 November 2018 free flow of non-personal data). 

 Todos los datos, como premisa, tienen como plataforma a la persona y su acumulación comercial, industrial de servicios, y solo la salvaguardia del anonimato permite la distinción entre datos personales y no personales. Pero, el valor digital impregna todo tipo de actividad económica. De la economía de vigilancia no queda exento ningún sector, porque el propósito del excedente de comportamiento permea, en el medio plazo, la búsqueda de la renta de la mercancía informacional.

Basta con señalar las referencias al Big Data, análisis de datos, y aplicación a la automatización, para darse cuenta de que los datos no personales aparecen como meras secuencias del desarrollo de la manufactura de productos predictivos, inclusive sobre la base de productos industriales convencionales. La fabricación de vehículos extrae valor de los conductores, partiendo de sus viajes, costumbres, destinos, intensidad de uso y kilometraje, velocidad usada.

La desposesión digital de la persona comprende toda su esfera exterior e interior y supone la extracción y cosecha de datos comportamentales aptos para su comercio y obtención de ganancias. La materia prima libre y gratuita tiene un flujo continuo y universal que no encauza compartimentos estancos. La fabricación de predicciones convoca a toda la actividad humana, social, económica.

“La extracción debe ser a la vez desprotegida y disponible a coste cero para que tenga éxito la lógica de la acumulación…La supervivencia del capitalismo de vigilancia depende de la ingeniería del acuerdo social a través de todos los medios disponibles, al tiempo que ignora, evade, impugna, reforma o derrota las leyes que amenazan el libre excedente comportamental” (S. Zuboff).

El comercio de mercancía informacional como principal fuente de acumulación y beneficio establece la permanencia de a la extracción, cosecha, captura de los datos personales y no personales para su intercambio en el mercado de información: siempre hay alguien interesado en conocer no solo los intereses, los gustos, las preferencias de la persona, sino también, los secretos de la empresa, la naturaleza oculta del know how o de la investigación y desarrollo.

La desinformación y manipulación de la persona no debe ocultar el riesgo de la introducción de máquinas “inteligentes” en nuestros ámbitos de actividades sean íntimos – el hogar- o económicos. La robótica, además de impulso suicida al desempleo, exhibe como máximo riesgo para sus usuarios la comunicación y cesión de información a los propietarios o programadores de la máquina para su ulterior aprovechamiento. La búsqueda de beneficio predecible no ahorra ningún dato, cualquier dato, susceptible de codificación digital y transmisión electrónica.

En suma, el capitalismo de vigilancia está a punto de cambiar todo lo que conocíamos hasta ahora, nuestros principios, valores, la posición de la persona en su hogar, en la comunidad y en el mundo. Pero, no sería acertado definir la revolución digital como fatalmente inevitable.

Polanny lo apunta respecto a las primeras revoluciones industriales y en estos momentos es aplicable su consejo: la pausa, el retraso de lo que tecnológicamente se está produciendo hasta que no se perfile y reglamente el bien común aplicable en el mercado autorregulado a favor de la persona. Igualmente es la opinion de D. Lyon.

“Recognizing our world for what it is a vital step. Realizing that things do not have to continue as they are at present is the second. The doctrine of technological inevitability es false because doing technology is a human endeavor and is socially shaped. Those who insinuate that technology in an unstoppable juggernaut usually have an interest in preventing resistance or denying the role of human agency”. (D. Lyon, The Culture of Surveillance, Cambridge, 2018).

 

2.Las plataformas digitales y la subordinación de la economía convencional.

La economía de vigilancia no podría existir sin el recurso natural para ella de los datos (personales o no). La recogida de los datos es trabajo gratuito. Los datos proporcionan beneficios a partir de su coste cero, sin contraprestación, como el grano o el petróleo, sin perjuicio de su maximización posterior mediante el tratamiento de los productos predictivos.

Los usuarios son colaboradores gratuitos de la organización o cocreadores del valor digital. Sin la participación del usuario no hay creación (ni tampoco extracción) de valor.

El modelo de negocios de Internet se basa en el número de usuarios. Los efectos de red y plataforma están estrechamente condicionados por la arquitectura de participación. La clave es la captación de usuarios, la captura y extracción de los datos personales en masa, facilitando el crecimiento de la plataforma para su posterior monetización. La creación y extracción de valor surge del aprovechamiento del trabajo gratuito de los usuarios.

La cocreación identifica la magnitud y penetración de los efectos de la red. No es una relación convencional entre la empresa y su cliente propia de la economía clásica de mercado (“push model”), si no una relación en el que el usuario es determinante para la expansión de la mercancía informacional (“pull model”).

“El hecho que los usuarios contribuyen directamente a la ejecución de la cadena de producción…la creación de valor se desplaza desde el interior hacia el exterior de la empresa, donde están los usuarios, que colaboran con la empresa.” (P. Collin-N. Colin,2013).

La obtención y explotación gratuita de los datos personales provoca el desarrollo de los productos predictivos, de la mercancía informacional, que individualiza la extracción del valor creado por la apropiación de los datos personales.

By searching , for instance, they provide information that can shape advertising; by posting on social media, they provide content that attract others subscribers; Through sucha “user participation” they are “co- contributing to a business offering”.(IMF Policy Paper Corporate Taxation in the Global Economy, March 2019). 

El modelo de negocios dominante es la plataforma de dos vías o direcciones o de ambos lados del mercado (“two-way platform”;” two-sided markets”).

Los intermediarios digitales y las empresas en general pueden ser conectores entre la oferta y la demanda de mercado. Por un lado, la captación de los datos personales sin coste para el usuario. Por otro, el almacenamiento y tratamiento de la información recogida para su posterior venta o transmisión a otros agentes económicos, desde ventas en sentido estricto de bienes o servicios a espacios publicitarios basados en los intereses derivados de la información captada.

La propia evolución convierte a la plataforma en una infraestructura global, portadora de una nueva constitución de vidas, de costumbres y con aspiraciones hegemónicas, con o sin mercancía física (Apple o Amazon y Google y Facebook).

Lo que destaca el nuevo capitalismo de vigilancia es la magnitud de los datos personales capturados gratuitamente y las inferencias lucrativas de comportamiento que permiten, predicciones, para su comercio en general a otros empresarios o viceversa.

La primera versión de la plataforma de dos vías tiene su origen en el mercado de la publicidad digital. La interacción entre usuarios y vendedores de publicidad se verifica en la interacción de la plataforma: hay usuarios que proveen a la plataforma de sus datos personales a cambio del uso gratuito de algunos servicios – búsqueda, correo electrónico- y hay vendedores de publicidad interesados en la mercancía informacional proporcionada por la plataforma.

El valor de la plataforma es mayor cuanto mayor sea el número de sus usuarios, porque los publicitarios no tendrían intención de pagar por datos inexistentes, ínfimos o menores. El valor económico lo crea la interacción producida por la plataforma entre el titular de los datos y los interesados en su disposición para venta de bienes o servicios.

Sería un error reducir la plataforma a la publicidad digital. El punto más relevante es la comercialización de los datos personales y. por tanto, no es necesario que la otra de las partes sea publicitaria. En efecto, la información tiene un valor significativo para el sistema financiero, asegurador, medico, turístico, y, peligrosamente, agencias públicas y partidos políticos. Además, nada excluye que las empresas convencionales comercien los datos de sus clientes con las organizaciones digitales para la manufactura de productos predictivos de propia utilidad o para utilidad ajena de terceros.

La plataforma de doble vía es vehículo que permite encontrar e interactuar a la persona (y sus datos) con otros interesados en su apropiación, adquisición y disposición. De esa característica participan las mayores empresas digitales en el mercado: Apple, Google, Microsoft, Facebook, Amazon. La plataforma de doble vía es la forma de dominio oligopólico y monopsónico en el mercado. Y el núcleo de su valor es el dato personal.

J.Tirole señala atinadamente la dificultad que ofrece la economía digital respecto al control de los datos personales cuya propiedad pertenece a cada uno de nosotros. Y ello porque la frontera entre los datos personales y su manufactura como producto predictivo es ambigua y confusa.

El autor distingue entre los datos personales que son propiedad de su titular y su tratamiento – como producto predictivo- que deviene propiedad intelectual de la plataforma. 

“If there were a clear separation between data provided by the customer and the subsequent processing of the data, the right policy would be simple: the data should belong to the customer and be portable – that is transferrable to third parties at the wish of the customer.”(J. Tirole Economics for the Common Good,,2017,Princeton University Press).

No es cierto como afirma Tirole que las empresas online gastan dinero para comprar nuestros datos: la verdad es contraria, ya que la apropiación de los datos es gratuita, fuera del control, del consentimiento, del usuario. Y tampoco es correcto entenderlo como una permuta a cambio de buscador, correo electrónico, mensajería, mapas, porque esos son los mecanismos de la empresa para conseguir los datos para su tratamiento y comercialización, donde consigue el excess profit. 

¿Dónde queda la permuta si lo que uno cambia por nada ocasiona ingentes beneficios al otro que lo aprovecha? Es una permuta abusiva porque uno cambia una cosa de valor infinito, eterno, reutilizable por una cosa irrisoria.

Tirole deja sin respuesta el interrogante que el mismo plantea: la gente a menuda argumenta que las plataformas deberían pagar por los datos que les suministramos. Efectivamente, la cocreación del usuario debería ser retribuida. La idea de J. Lanier se propone como una alternativa de pago al usuario que “puede inspirar dignidad en las relaciones online”. 

Aún más, rechaza la trampa de la gratuidad, defendiendo la subscripción mediante el pago periódico de los servicios usados y, a la vez, conservando la propiedad de los datos personales. La clave es que uno pague una cifra de suscripción por el uso mínimo de búsqueda o de medios sociales y cobre si contribuye a la creación de valor mediante correos, videos, o lo que sea. “and set the price for using my data and it`s easy and normal to earn money if my data are valuable.,” (J. Lanier). 

N.Hashai califica las plataformas de dos vías como fábricas de producción de datos personales de los usuarios. Es correcto porque las grandes empresas tecnológicas o no, una vez descubierto el valor de los datos, se convierten en manufactura de productos predictivos. Pero, insistiendo en que el destino final de aprovechamiento de los datos ya no es solo el mercado publicitario. La colonización digital convierte en valioso el uso de los productos predictivos para cualquier sector de la actividad económica. Y esta nueva mercancía ficticia coloniza, a su turno, los efectos de las mercancías ficticias ya señaladas: el trabajo, la naturaleza, el intercambio por dinero.

Los usuarios son trabajadores gratuitos a cero salarios y la mayor parte del valor queda en el marco del poder monopsónico de las plataformas y empresas digitales.

Hashai adopta como punto de partida una aproximación común a Zuboff, Lanier, Collin-Colin, entre otros. El eje es que las plataformas de doble vía son fábricas dedicadas a la producción de datos personales de los usuarios. Estas fábricas necesitan de los usuarios para la manufactura de los productos predictivos como paso previo a la cesión o transmisión de la mercancía informacional.

“Two-way platforms provide free services to end users, but sell their intangible products (data of end users) in digital product markets” (N. Hashai, Platform End Users as free “Data Labor” Redistributing the Value Created in Double sided markets, 2018).

No hay sector de la economía que no aproveche de los productos predictivos o mercancía informacional elaborados a partir de los datos personales de los usuarios.

La mecánica de los monopsonios, tales como, búsqueda online, redes sociales, comercio electrónico, tarjetas de crédito, reservas de vuelos, comunicaciones, publicidad, finanzas, seguros, compañías médicas, centros educativos, decisiones políticas o de bases de información pública, dependen de los datos personales (o no personales) producidos o adquiridos y cuya única fuente es el usuario.

Vale la pena enfatizar que la economía digital, en la actualidad, es la economía en su conjunto. Los innovadores han conseguido convertir la procura de excedente comportamental en beneficio de empresa, digital o no.  El único fundamento es obvio: se trata de asegurar los rendimientos derivados de los comportamientos o cambios de comportamientos de segmentos, franjas, sectores sociales o países enteros. De posición dominante a una dispersión capilar y penetrante en la economía convencional y sistemas de poder político y público.

El modelo de negocio se funda en la recogida, análisis y venta de información personal.

Primero, las empresas oligopólicas digitales Google, Facebook, Microsoft, Verizon Twitter, Amazon-. Segundo, intermediarios de datos (brokers data), por ejemplo, Oficinas de Crédito, que adquieren datos personales de cualquier clase y nivel provenientes de cualquier clase de organizaciones y proceden a su tratamiento y elaboración. Tercero, las compañías de tarjetas de crédito y de asistencia médica y sanitaria. Cuarto, la información acumulada por aparatos de TV, vehículos o móviles, mecanismos de seguimiento inteligentes. Quinto, la distribución comercial mayorista; cadenas de supermercados, turismo, viajes, hoteles y empresas industriales en general. Sexto, las organizaciones públicas de información y los partidos políticos.

En un reciente informe desarrollado en los EEUU se desprende que los rendimientos derivados de estas operaciones suponen en total casi 52. 5 mil millones de dólares en 2016, 63.8. en 2017 y 76.0. en 2018. (¿R. Shapiro, S. Aneja, Who Owns Americans Personal Information and What is it Worth? Futuremajority org, 2019). 

“Given how, valuable and relatively inexpensive these data are to gather and use, it is virtually certain that in coming years, the capture of personal information will spread to more industries and businesses the analyses of those data will be more detailed and sophisticated and the commercial, social and political uses of the personal profiles drawn from those data and analyses will proliferate.”.

La propuesta de Shapiro-Aneja es contundente: las compañías que obtienen el excedente comportamental de la mercancía informacional deben compartirla con sus propietarios. Las personas pueden aspirar a la mitad de los beneficios que generan para las empresas o fábricas de productos predictivos.

En 2018 le correspondería 122 US a cada persona; en 2020 el importe sube a 183 US y en 2022 el cálculo es de 308 US por persona. O, alternativamente, la cifra de reparto podría financiar infraestructura, cobertura universal de salud, disminución de imposición sobre los salarios, o reducción del déficit presupuestario.

“The companies contribute to the commercial value of the personal profiles they create by gathering, analyzing and selling people`s information. Accordingly, these companies should share the revenues from these operations with the people who provide the essential inputs, and we propose a 50-50 division”. 

El informe es interesante porque recupera la noción de uso indebido de los datos de cada uno para ganar dinero sobre su comercialización. La pura lógica recomienda alguno modo de compensación al propietario de los datos personales que permite el empoderamiento de las grandes empresas digitales y el mecanismo es una suerte de dividendo social.

 

3.El dividendo social. El recurso natural y común. La renta mínima garantizada.

No es temerario imaginar las consecuencias sociales y económicas de la digitalización: si la revolución digital es una nueva versión de las tempranas revoluciones industriales precedentes, sus daños, riesgos y perjuicios se volcarán sobre los más vulnerables. Esto se advierte en la desinformación y manipulación de los comportamientos en curso; en la tecnología bélica (v.g. killer drones); la vigilancia pública y política sobre los ciudadanos y, sobre todo, por que conlleva como una de sus principales externalidades negativas un acentuado proceso de desempleo tecnológico.

Esto último arrojará a millones de personas a la calle. La robótica, la automatización de la producción industrial, comercial, de servicios, endereza una agresión sobre el capital humano: la máxima devaluación de la persona de trabajo trabajando, por el mal uso o desuso.

“…that it threatens the obsolescence of man himself, as increasing automation ousts him from the places of work where he formerly proved his humanhood.” (Has Jonas, Toward a Philosophy of Technology, Hastings Center Report, February 1979).

No se trata solo de una cuestión filosófico, sino de la supervivencia de la cohesión social. Básicamente, como Rolph apunta, “porque los seres humanos son una forma de capital que, si se mantiene y mejora, puede facilitar la producción de futuros flujos de réditos” (E.R. Rolph, Controversy surrounding negative income tax, Public Finance,2, 1969). En sentido contrario, la incapacidad de generar réditos futuros condena a la persona a la miseria, la exclusión, el asistencialismo.

Del despojo del capital humano del porvenir, precisamente, estamos hablando: la explotación de los datos de la persona para modificar sus pautas de comportamiento supone la expulsión del trabajo practicado hasta ahora y el exilio de su formación, de su cultura social, de sus relaciones familiares, en una forma de esclavitud como otra cualquiera. Un modo de despojar a la persona de su humanidad.

La superrenta digital es fuente de concentración económica y de desigualdad radical. De los privilegios económicos deberían participar todos aquellos que son las primeras víctimas de su éxito. Se impone una participación en la superrenta digital de los que quedan al margen de su producción, precisamente, para que crezca verticalmente.

No se trata de castrar el desarrollo de las innovaciones o pronunciarse sobre su destrucción (al estilo luddite). Simplemente buscar las nuevas reglas de los nuevos mercados para que sus resultados se expandan colectivamente.

La desposesión implica que debería promoverse una indemnización que compense la devolución a la soberanía plena de la persona. Sin contraprestación y justa retribución queda condenada la equidad social de los proveedores de materia prima gratuita.

El uso de recursos comunes y naturales por algunos debe consentir a cualquier ciudadano residente de una comunidad recibir una renta compartida en períodos regulares, con carácter general.

El dividendo social puede servir una renta básica de supervivencia para todos los miembros de la comunidad, asegurando a sus receptores un nivel de vida mínimo suficiente. Y su fuente es la reversión de parte de la riqueza y renta originada por un recurso común a todos los que lo protagonizan. O, aún más: un recurso común natural, “common property” (Thomas Paine), del cual corresponde una justa participación a los que son sus propietarios originarios y contribuyen a su creación de valor, de la cual son desposeídos.

El principio es elemental: todos aquellos que aprovechan intensivamente la disposición mediante desposesión de algún recurso común natural deben compensar a los que son privados de su derecho a la supervivencia. El capitalismo de vigilancia implica una drástica desposesión del dominio público de los datos personales para sufragar intereses comerciales.

“Los usuarios son la fuente de la materia primera que alimenta una nueva clase de proceso de manufactura” (Zuboff)

La extracción de datos equivale a la extracción de valor de la digitalización de los datos personales para la elaboración de productos predictivos. Exactamente, un recurso común natural, de la misma categoría que el petróleo, los metales, el grano, el algodón.

La explotación económica del recurso natural y común de los datos de cada persona significa que una parte de su valor debe servir para retribuir a los que son sus legítimos propietarios, por el privilegio que ayudan a sostener para los beneficiarios de la explotación.

“There is a well-known saying in Silicon Valley that big data is the new oil – a resource easily collected and waiting to be harnessed to drive engines of the digital economy. I would also say that big data is Soylent Green –it is made out of people and used to govern people” (Jack Balkin). 

La comida que se suministra a la gente viene de cadáveres:” Soylent Green es la gente”, famosa frase de la película “Make room, make room”. Los datos, según Balkin, vienen de la gente y se usan para su dominio y control.

La renta mínima garantizada universal es el dividendo social dirigido a evitar la inclemencia del mercado con las personas y familias en general que la sufren. Alguno deberá pagarla y es persuasivo admitir que en gran parte debería ser a cargo de las empresas y organizaciones que se favorecen de la externalidad negativa de la desocupación tecnológica o resultan los aventajados de la conquista del mercado por ser los iniciadores.

“New market rules that cause wealth eventually to revert to the public domain rather than compound for future generations that had nothing to do with creating it, and be used instead to finance a minimum guaranteed income for all citizens, is one way to avoid this fate.”(R.B. Reich, Saving  Capitalism. For the many not the Few, Vintage,2016).

Los recursos naturales y comunes pueden servir para la constitución de un dividendo social para todos los miembros de la comunidad. Nadie puede reprochar que la riqueza producida por un recurso natural común merece el reparto a los que de algún modo tienen derecho a su participación como propietarios y usuarios.

Este pago es un dividendo que se funda, por un lado, en que todos son propietarios de una parte en los recursos naturales y comunes, habilitados para acceder a una porción de los beneficios obtenidos y, por otra, que, sin su cocreación, el valor del algoritmo no pasaría de una aproximación matemática.

Esta idea del dividendo es auspiciada por Th. Pogge a nivel global y se basa en la premisa que todos aquellos que se aventajan del uso y explotación de recursos naturales, comunes, limitados, deben compensar a los que quedan al margen de los beneficios. (Th. Pogge, -D. Moellendorf, An egalitarian law of peoples, Global Justice. Seminal Essays, ST. Paul MN, 2008).

Una experiencia más próxima es la establecida en Alaska (EEUU) que vincula el recurso natural y común del petróleo a un dividendo igual para todos los residentes en el territorio. El Fondo Permanente de Alaska invierte una parte de su renta de petróleo en un fondo y distribuye una parte de los retornos del mismo a cada residente, cada año. El pago anual es un dividendo igual a cada residente, incluidos, hijos, entre 1000 y 3000 dólares.

P.Barnes postula un sistema ampliado de dividendo social que recabará sus fondos de los tradeable permits por emisiones contaminantes; infraestructura monetaria; sistemas de propiedad industrial y ondas electromagnéticas. Hay valores que no son creación de los individuos, sino creación colectiva y por tanto pertenecen a todos por igual.

Por ejemplo, “the immense value created by our legal intellectual and financial infrastructures, the Internet, and our economy as a whole”.(P.Barnes, Alaska Bolstered Its Economy and Curbed Inequality- By paying Everyone Thousand in Oil Dividends Every Year, Feb 3, 2015, Yes Magazine; With Liberty and Dividends for All, Oakland, CA: Berrett-Kpehler, 2014).

R.Reich en una línea similar añade la concesión de derechos de propiedad a cada ciudadano sobre las patentes otorgadas por la Administración y protegidas por el gobierno. Cada uno recibiría el dividendo en la medida que crece el capital intelectual del país.

El dividendo social aparece vinculado a la participación de un recurso común y natural sobre el cual tienen derechos todos los miembros de la comunidad. La renta básica de cada uno tiene su fruto como instrumento de pertenencia común.

Todo lo que se percibe como conjunto se conjuga en patrimonio social del cual una parte retorna a cada uno de los ciudadanos. La forma es la de un Fondo de Patrimonio Cívico dedicado a participar de la inversión de la empresa digital o de innovación económica digital en representación del interés público y colectivo.

La participación propietaria del Fondo en la economía digital y vecina o acompañante puede permitir la procura de beneficios societarios a distribuir entre todos los ciudadanos, a la sazón sus propietarios últimos.

“A Citizens Wealth Fund would be a mechanism to transform national private and corporate wealth, which are currently very unevenly distributed, into public wealth, so that everyone can have a stake in the economy. By owning wealth in common, the fund would act as a force for economic equality by distributing returns to capital more widely” (Carys Roberts, Mathew Lawrence, Our Common Wealth. A Citizens ´Wealth Fund for the UK, April 2018).

La capitalización del FPC debe predicarse desde la acumulación de riqueza digital la que, en primer lugar, debe servir para la financiación del dividendo social. El fondo se construye con la afectación de recursos tributarios particularmente atentos a la generación, aumento y distribución de la superrenta digital. En este sentido, es un fondo alimentado por el earmarking de la recaudación de los nuevos impuestos creados a tal finalidad. El Fondo de Riqueza Cívica debería hacerse cargo del reparto del dividendo social entre los ciudadanos, con carácter general y universal.

Los impuestos designados podrían establecerse en la horma de la superrenta digital en sentido estricto (excess profits), o excedente de comportamiento (behavioral surplus); de la Digital Services Tax   de la Unión Europea sobre los ingresos originados en la captura y tratamiento de los datos y productos predictivos. 

Finalmente, aunque no, por último, el modelo del Impuesto sobre el Valor Añadido con el método de substracción. sobre el capital intelectual, la riqueza intangible de la organización.

“Under a “substraction method” of implementing a value-added tax, the tax base of a business consists of the difference between the payments it receives for sales of goods and services of any kind …and the purchases of goods and services from other firms. This total is then taxed at some predetermined fixed rate”. (D.F. Bradford, Taxation, Wealth, and Saving, 2000, MIT).

No es un método de deducción de IVA sobre las ventas del IVA soportado en las compras, como se configura el IVA vigente en la Unión Europea, repercutible sobre el consumidor final; sino que el método de substracción, como se verá, convierte al IVA en un impuesto sobre los pagos a los factores de producción – salarios, beneficios, intereses- en cabeza de la organización.

“Like an income tax, a consumption based value-added tax subjects to tax much of what is ordinarily understood as profit. If, for instance, a business discover oil on its property, all the payoff is subject to tax. So is the reward for an innovation, such the development of a successful software product the return on intangible property such as a trademark established through a successful advertising campaign.” (D.F. Bradford, ibídem).

Y lo que interesa, siguiendo las conclusiones de D. F. Bradford, consiste en que el público se convierte en un accionista proporcional en todas las empresas. El público comparte el mayor beneficio, sobre la renta normal, que se obtiene y sufre la reducción de beneficios habiendo sido partícipe, también, en la inversión, a través de la deducción inmediata de la inversión por la organización.

Otras fuentes de rendimientos del FPC podrían derivar de la actuación de tasas por los servicios públicos  relacionados con la regulación de protección de datos mediante organismos públicos habilitados; evaluación de riesgos; autorizaciones; permisos de uso de algoritmos, de productos predictivos ; así como la venta de nuevos activos digitales como los espectros de transmisión de onda larga, v.g. G5; y, sobre todo, la transformación del usuario en trabajador digital y la retribución a su actividad como dividendo laboral al capital humano (Data as Labor).

 

4.El dividendo laboral del capital humano.

El dividendo social es necesario para impedir la autorregulación del mercado digital, que será el mercado integro, en manos de pocas plataformas u organizaciones, evitando los efectos negativos que supone para el empleo y la igualdad social.

El excedente comportamental está condicionado por la fuente última de su producción: el trabajo gratuito o trabajo no pagado al usuario. Sin los datos del usuario no habría trabajo ni plusvalía de la organización, bajo la autoridad del algoritmo. La persona no es obsoleta, sino imprescindible para la máquina inteligente:

 

“We are talking about an industry that supports some of the richest companies the world has ever known and it’ s all diriven by data that comes from people who are often being told that they`re about to be obsolete, that they ‘ll need to go on the public dole with a basic income system. It just isn’t right to tell people they are no longer valuable to society when the biggest companies exist only because of dat that comes from those same people”. (J. Lanier, Ten Arguments for Deleting your Social Media Accounts. Right Now,2018). 

El trabajo no pagado califica como trabajador digital al propietario de los datos. Los datos como trabajo, en verdad, son la pieza esencial de la digitalización. La carencia de ese recurso natural, mis, tus, nuestros datos personales, condena al algoritmo a mera fórmula.

La protección de los datos personales realza la particular identificación con la persona que es su titular. Es un precipitado técnico de información e intimidad (privacy). Pongamos por ejemplo la firma digital en el dinero virtual: el eje del dinero virtual es la protección del dato personal de la firma digital. Sin firma digital, a ciegas, ilocalizable, no podría existir moneda virtual, en su forma típica, v.g. Bitcoin.

El valor máximo de la moneda virtual es la disposición y circulación jurídica de la firma digital. No deja de ser curioso que los datos personales que sirven de materia prima desprotegida para los proveedores de mercancías informacionales, sin aparente reconocimiento de ninguna clase; resultan en lo específico condición esencial de funcionamiento de la moneda virtual.

El ejercicio del derecho a la intimidad, que es un campo de juego abierto e irrestricto, por ahora, para la plataforma digital, no puede ser consecuencia de la propiedad. Es difícil referirse a la intimidad como una suerte de mercancía regulada por su valor de cambio(cero) en el mercado. La intimidad es parte del derecho fundamental de cada persona y, por tanto, está fuera de las normas del mercado.

“The information resources extracted from the populations worldwide flow into the databanks of the new information capitalists, who then use those resources to devise new profit-making strategies. “Julie E. Cohen, The Biopolitical Public Domain: The Legal Construction of the Surveillance Economy, Philosophy & Technology 2017).

Collin y Colin son autores del mejor Informe sobre economía digital y fiscalidad en la Unión Europea. (2013).

El punto de partida es que el excedente de las empresas digitales es la intensidad de la explotación de los datos personales, convertidos en su materia prima esencial. Pero, más importante aún, la recogida de los datos revela el fenómeno del “trabajo gratuito”.

“” En la economía digital todo deja huellas. El seguimiento regular y sistemático de la actividad online hace que los datos de los usuarios de las aplicaciones son recogidos sin contrapartida monetaria. Los usuarios, beneficiarios del servicio recibido, devienen cuasi- colaboradores, voluntarios de las empresas. Cosechados, almacenados y tratados para su integración en tiempo real a la cadena de producción, los datos proveídos del “trabajo gratuito” contribuyen a confundir la frontera entre producción y consumo” (Collin, Colin, Mission d`Expertise sur la Fiscalité de l` économie numérique, janvier 2013, Ministère de l`économie et des finances, Ministère du Redressement Productif.). 

La economía digital crea un nuevo recurso, dicen Collin-Colin: el trabajo gratuito de los utilizadores.” Los usuarios se convierten, a través de sus datos, en auxiliares de la producción y crean un valor generador de los beneficios en las diferentes fases de los modelos de negocios”.

Las plataformas digitales consiguen que los usuarios trabajen para su finalidad comercial. El portador de datos reemplaza en la cadena de creación de valor a los trabajadores y proveedores de la empresa en cuestión.

La contribución gratuita de los usuarios a la empresa digital o en vías de digitalización, bajo la aportación de sus datos, explica las superrentas digitales. Y esto es expansivo: turismo, banca, automóvil, telecomunicaciones, energía, educación, salud y así sucesivamente.

Ahora no hay dudas que los datos personales y su análisis – productos predictivos- son activo intangible de nuevo cuño de las empresas. Y así lo reconoce el nuevo Impuesto sobre Servicios Digitales en la UE.

Por un lado, porque, en efecto, ejercen control sobre los datos personales, si más no fuera por la dificultad de cambio que supone el cambio de plataforma digital donde el usuario situó sus intereses, emociones, amistades, vínculos, actividades cotidianas. Por otra, porque la escisión entre los datos personales y su propietario es el cauce de la apropiación del dominio público por parte de las empresas para su manufactura como mercancía informacional. Los datos personales debería ser inseparables de la persona, pero ello no resiste el embate de la economía de la vigilancia: a la cosecha gratuita ha seguido su apropiación como activo intangible en la propiedad industrial.

La extracción de los datos personales sin contraprestación quiebra la unidad de la persona con sus datos, produciendo una escisión violenta sobre la propiedad de sí mismo. Solo podría justificarse siempre que existiera un mercado de la mercancía informacional que fuera objeto de intercambio por dinero, conforme a su naturaleza.

J.Lanier sostiene que los diseños digitales no tratan a las personas como especiales sino como elementos de una máquina de obtención de beneficios de la información. Sin embargo, la paradoja, es que la gente es la única fuente de beneficio identificable. (¿J. Lanier, Who Owns the Future?, New York, 2013).

Jh.Cheney-Lippold  expone que cada uno de nosotros es propietario de los datos y debe ser pagado por su uso. Es una forma para que el individuo recupere dominio sobre su intimidad, una persona única, corpórea, con nombre y apellido y cuenta bancaria “¿Cómo? Pagando a la gente por la información recogida si tal información se descubre valiosa” (Jh. Cheney-Lippold,We are Data, New York University Press, 2017).

A.Pentland sugiere un sistema de incentivos para otorgar valor a los usuarios que permitiría a la persona entregar sus datos a cambio de retribución monetaria o de servicios. Los datos como moneda significan que las compañías deberían adoptar el papel de un banco creando cuentas para cada dato personal. Tú abres una cuenta y puedes cancelarla cuando quieras exactamente como los servicios bancarios personales. (A. Pentland, Reality Mining of Mobile Communications: Toward a New Deal on Data, chapter 1.6., S. Dutra, I. Mia, The Global Information Technology Report, 2008-2009, INSEAD, World Economic Forum). 

R.M. Unger   sostiene que las compañías para ganar consenso deberían pagar el uso de los datos con los que obtienen ganancias económicas. El uso gratuito de los datos por las plataformas digitales, sin compensación, agravan la perversidad del régimen de la propiedad intelectual. Además del pago de una renta podrían imaginarse una pluralidad de modos de compensación al propietario de los datos personales, inclusive, participaciones en el capital accionarial cotizables en mercados secundarios.

“Los datos deberían corresponder a los individuos que los generan, como parte de la expresión de la personalidad en la sociedad” (R.M. Unger, The Knowledge Economy, Verso,2019). 

El rendimiento digital es rendimiento del capital humano de trabajo. No es igual al dividendo social universal; sino una parte de la retribución que corresponde a los dadores de datos personales como trabajo no pagado, sin contraprestación alguna. Es un dividendo laboral del capital humano. 

Esto comporta evaluar al usuario como participante en la inversión del trabajo en el capital de riesgo de la organización, sea a paridad con los accionistas o en diversa medida a través de los distintos instrumentos que vinculan la participación del trabajador en los beneficios o resultados de la empresa. De cualquier forma, que se vea, el trabajo del usuario es cocreación de valor y define una participación de cogestión en los beneficios.

La extracción y elaboración de los datos personales, la materia prima y su apropiación gratuita por parte de alguien que no es su propietario, le legitima para la percepción de un dividendo laboral de su capital humano. La fuente de la renta es el recurso intangible constituido por sus datos personales, o también, es renta del capital humano en forma de dividendo laboral.

“Si los usuarios finales fueran reconocidos como trabajadores de datos que deberían percibir una compensación por los productos que ayudan a crean, podrían obtener una parte amplia del valor económico creado por la plataforma” (¿I. Arrieta Ibarra, L. Goff, D. Jimenez Hernandez, Jaron Lanier, E. Glen Weyl, Should we treat Data as Labor? Moving beyond “free”, American Economic Association Paper and Proceedings, 2018).

El rendimiento de capital humano es fruto de la actividad de la persona y sirve de compensación al riesgo asumido en su contribución, premiando su colaboración en el resultado positivo de la empresa. Es renta del capital trabajo, que no del capital mobiliario. El capital acumulado del trabajo que origina rendimientos que tienen por causa el trabajo, aunque no el trabajo personal subordinado. Es el producto financiero del trabajo (T. Rosembuj, Intangibles. La Fiscalidad del Capital Intelectual, Barcelona,2003). 

J.Lanier inicia un discurso de gran calado al relevar que los diseños algorítmicos tratan a las personas como elementos de una máquina de información, cuando en verdad la gente es la única fuente o destinataria de la información o de cualquier otro significado para la máquina. Los usuarios no reciben pago alguno por su contribución, que es vital para el excedente comportamental de la empresa digital, ni, tampoco pagan por el valor de los servicios que reciben.

La gratuidad de los servicios ofrecidos no convierte la operación con el usuario en permuta. La cesión gratuita de los datos a cambio de servicios gratuitos no puede en ningún caso calificarse como permuta, la entrega de una cosa por otra, de cambio directo o de cosa por cosa. sin el uso de dinero.

La cesión de datos equivale a dinero: el pago a Google, Facebook, Microsoft con los datos personales es exactamente dinero, al valor que se quiera, de propiedad de las personas. pero, no porque los datos no sean extrapatrimoniales que lo son, sino porque su empleo y aplicación sirven para la obtención del excedente comportamental necesario para la organización.

El dato gratuito vale todo el dinero que origina la manufactura de productos predictivos. El usuario, solo con el clic, ni siquiera con la transacción, origina valor para la plataforma digital. No hay cambio de cosa por cosa, sino de cosas por una fuente inagotable de dinero futuro.

El resultado de la disposición gratuita de los datos personales engrosa el exceso de beneficios de las grandes organizaciones –Siren Servers sin que los usuarios tengan la menor sospecha del valor que supone su aportación.” The largest Siren Servers, especially Facebook and Google, but also Microsoft and others, benefit from the free or extremely cheap availability to them of data.” (J. Lanier, Who owns the future? 2013, New York).

La creación de valor es intuitiva en el número, pero se convierte en cualidad cuando se verifica alguna contribución del usuario en particular que mejora al algoritmo. La prestación concreta del usuario a favor del proveedor de servicios debe compensarse, porque mejora directamente su producto predictivo.

Por último, la expansión de la digitalización en el conjunto de la actividad económica señala un particular tipo de nueva renta que se origina en su favor. El vendedor de coches, de casas, de electrodomésticos, de alimentación, de libros, puede acceder a los datos que en su momento se suministran para una transacción en especial y promover su utilización para sí mismo o para su comercio a terceros.

En ambos casos, la persona tiene derecho tanto a saber el uso y circulación de sus datos, cuanto, a obtener un crédito por su utilización, porque los datos, siempre y en cualquier caso, generan beneficios para el consumo propio del proveedor cuanto para su circulación en el tráfico jurídico.

El dividendo laboral al capital humano es el modo de encauzar la calificación de los datos como trabajo y su extensión comprende todos los datos personales de origen o de los que se infieren en su uso una potencialidad comercial.

El tráfico jurídico de los datos personales o no personales pero referidos a su portador exhibe una relación de hecho merecedora de rendimiento del capital(humana) dividendo laboral. La cesión de los datos se basa en un derecho similar a los de propiedad intelectual, industrial.

El trabajo gratuito, digital con la obvia excepción del que lo hace porque quiere, es la fuente de la superrenta digital, sin contraprestación alguna. En otros términos, lo que es ventaja económica para la plataforma digital, debería compartirse como fruto civil de capital humano con los trabajadores gratuitos.

El dador de datos integra una nueva categoría de trabajadores. Es un trabajador que no está en relación de dependencia ni percibe una remuneración por el trabajo que se realiza inmediata y activamente. Tiene más característica de creador intelectual que difícilmente encaja en las categorías salariales reconocidas. No puede reducirse el creador intelectual a su dimensión literaria, científica o artística; sino que es comprensivo, también, de cualquier persona que crea o cocrea cultura efímera en el marco de la actividad digital.

El dividendo laboral es un rendimiento de capital mobiliario – del capital humano- cuya naturaleza es semejante al canon o regalía de la propiedad intelectual o industrial.

 

5.Los datos como trabajo. Los creadores intelectuales.

El planteamiento último de J. Lanier y colaboradores –Arrieta, Goff, Jiménez, Glen Weyl- de los Datos como Trabajo (Data as Labor) es sumamente interesante. La idea parte del contraste entre los Datos como Capital (Data as Capital) y los Datos como Trabajo (Data as Labor). (Should we treat Data as Labor? Moving beyond “free”, I. Arrieta, L. Goff, D. Jimenez, J. Lanier, E. Glen Weyl, cit.). 

El DcC (Datos como Capital) trata los datos como recurso natural de consumo recogido por las empresas, mientras que el DcT (Datos como Trabajo) lo define como posesión del usuario cuyo primer beneficiario es el propietario.

Los datos personales y asimismo los datos no personales son atributo irrenunciable de la persona y su tráfico jurídico no puede ocurrir a sus expensas, a sus espaldas, desprovisto de inteligibilidad y de poder decir que no. La ocupación del territorio íntimo de la persona para su finalidad comercial como mercancía informacional no puede ser de libre acceso y disposición, a menos que se establezca la modalidad de intercambio conveniente para ambas partes.

El DcC encauza los beneficios de los datos a las empresas de inteligencia artificial y plataformas para estimular su empresarialidad e innovación, mientras que el DcT lo hace hacia las personas para alentar la cualidad y cantidad de los datos.

El argumento es convincente, sobre todo, porque hoy por hoy interesa más la permanencia de la cualidad y cantidad de los datos personales que su transmisión gratuita a las empresas, frecuentemente, so pretexto de innovación.

El DcC predispone la inteligencia artificial para el desplazamiento de los trabajadores de su empleo o hacia reservas de trabajo donde no es necesario el cambio tecnológico. El DcT observa la innovación tecnológica, desde su interés propio, como elemento de mejora de la productividad y creador de una nueva clase de jobs data.

El núcleo esencial de la idea es la creación de empleo, partiendo de los datos personales y mejorando su conocimiento para que la innovación se desparrame sobre la persona, antes que favoreciendo el beneficio de la empresa mediante automatización.

El DcC alienta el ocio o la fuga del trabajador de la economía digital. El DcT propone el trabajo de datos como una fuente nueva de “dignidad digital”.

El trabajo de datos inaugura un mercado laboral renovador, en el que la conexión digital es ocupación retribuida y no mera distracción o fiesta.

El DcC no sigue otro guion que el de datavigilancia, control, de los datos gratuitos obtenidos. El DcT requiere instituciones públicas y sociales que aseguren un mercado justo de datos para los datos del trabajo. O sea, exige crear un nuevo mercado donde no existe que combata la desigualdad, el estancamiento y los conflictos sociales (radical markets).

La dignidad digital del usuario, del portador de datos personales mediante su calificación como trabajador supone la estructura de nuevas categorías, clases, funciones legales y organizativas y representativas tales como sindicatos.

El auxiliar, el colaborador voluntario, sin contraprestación, adquiere el estado de trabajador digital, en un mercado en el que los lados de la oferta y la demanda aparecen claramente diferenciados, bajo la tutela del sector público y de las nuevas leyes destinadas a su regulación.

El planteamiento de J. Lanier y colaboradores propone un mercado de datos como trabajo, que preserve la dignidad digital del usuario y le permita una nueva categoría social laboral fundada en la retribución de su actividad datificada por parte de las empresas digitales que los emplean.

La creación del nuevo mercado laboral de datos debe ser una manifestación de poder de equilibrio social compensatorio; la organización de sindicatos de trabajadores de datos que negocien con los cantos de sirenas de las empresas y plataformas digitales ( siren servers); el claro reconocimiento de la propiedad de los datos personales, en la línea de la legislación comunitaria europea y un cambio radical en el derecho del trabajo, en defensa de los trabajadores respecto a la estructura oligopólica y monopsónica.

“With studies projecting that AI might automate as many as 50% of jobs in the coming decades(Frey and Osborne,2017), data labor has the potential to constitute a significant fraction of national income”(I. Arrieta, L. Goff, D. Jimenez, J. Lanier, E. Glen Weyl, cit.). 

La configuración de los Datos como Trabajo se puede transportar al marco jurídico tributario. La nueva categoría de trabajo de datos, de trabajadores digitales estarían sometidos al IRPF como dividendo laboral de rendimientos de capital humano con lo cual se podría afrontar , en parte, la tendencia a la desocupación tecnológica. El valor de los datos quedaría compartido por la empresa que los trata y el dador.

El dato se sitúa al centro de la capacidad contributiva. Es fuente de exceso de beneficios en tanto elemento del capital intelectual de la organización y componente de la propaganda de precisión. Pero, informa al perceptor del rendimiento de trabajo de datos en su carácter de sujeto pasivo del IRPF y, a la vez, como gasto deducible de las empresas y plataformas digitales que lo pagan.

El nuevo mercado laboral de datos contribuye, al mismo tiempo, a otro marco de imposición de la empresa multinacional digital porque la localización del establecimiento permanente de significativa presencia digital será consecuencia del lugar donde se prestan los datos como trabajo y se obtienen los rendimientos correlativos.

Dice N. Hashai ¿Por qué los datos personalizados, que se comparten online, no son tratados como cualquier trabajo literario, canción o patente? O sea, apunta a la clase naciente de creadores intelectuales que resulta potenciada al límite por las redes sociales y en las plataformas digitales. Todos los usuarios crean algún valor; solo los que están fuera de la economía digital en sentido pleno no lo hacen.

El dador de datos, a semejanza a los trabajadores de las primeras revoluciones industriales, ignora que la empresa basa su riqueza y superrenta en su “trabajo gratuito”. Porque, si así no fuera, no entendería que no se reconoce como propiedad intelectual lo que para la persona es un capital intangible propio o creación intelectual.

El uso de los datos personales y el profiling para obtener una renovada fuente de valor de los datos del usuario son activos intangibles: bien inmaterial separable de su titular para su uso y con autonomía jurídica patrimonial propia.

Es una propiedad de capital humano, creadora de cultura efímera o permanente, cuyo redito es próximo, vecino, afín, al capital precisamente intelectual de la persona física. Es un dividendo laboral, en razón de su anclaje en la propiedad personal sobre uno mismo. El dato es la persona.

La posición de Lanier refuerza a Collin-Colin, Pentland, Unger y añade un criterio de onerosidad que parece legítimo. En la práctica, el dividendo laboral del capital humano cifra una nueva categoría laboral difícilmente identificable con las categorías convencionales del Derecho del Trabajo. No es la subordinación o la autonomía lo que califica la relación laboral digital: son los datos personales aportados y cocreados y que, cada uno a su manera, contribuyen a la superrenta digital.

N.Hashai  sugiere que la compensación a los dadores de datos, como trabajadores, por los productos finales que contribuyen a crear consigue una mejor redistribución del valor obtenido y los Estados pueden imponer a la plataforma digital mediante la atribución de la renta de tales empresas a sus  gastos en compensación de los  datos como trabajo, sobre la base de cada  país en particular.

“If one accepts the assumption that the level of expenses made in a given jurisdiction is proportional to the level of income that should be attributed to this jurisdiction, the level of wage compensation of per country end users may allow to determine the level of income attributed to a given national jurisdiction. Subsequently, this allows determining the profit and corporate income tax levels to be paid by digital platform firms in this jurisdiction.” (N. Hashai, Platform End Users as Free “Data Labor”-Redistributing the Value Created in Double Sided Markets,2018).

Lo que debe enfatizarse es que la contraprestación al creador intelectual, cualquiera de nosotros conectado a la red o a las plataformas digitales o digitalizando su actividad económica material o física (v.g. adquisición de mercancías físicas o materiales), no es salario, sino dividendo laboral del capital humano. (T. Rosembuj, Intangibles. La fiscalidad del capital intelectual, Barcelona, 2003, donde se reenvía para la categoría de creadores intelectuales como nueva categoría de trabajadores.

 

6.La subsidiariedad, los bienes públicos y bienes comunes.

En 1890 Mazzola subrayaba el carácter indivisible de los bienes públicos. Todos pueden consumir la misma cantidad y ninguno puede ser excluido de su disfrute. Un bien público se define por sus dos características: una persona puede usarlo sin que se disminuya análoga posibilidad para otros(non-rivalry) y ninguno puede ser excluido de usar el bien (non excludability). En suma, el bien público es de fruición plural y donde el consumo de uno no impide el de otros.

El Estado tiene la preferencia sobre la provisión de bienes públicos que hacen a la liberta(independencia) y dignidad de la persona. Los bienes públicos, hasta ahora, identifican ventajas colectivas, difusas, generales, básicamente tendentes a la atenuación o moderación de las disparidades sociales, políticas, económicas en el seno de la sociedad civil, del mercado, de la naturaleza. Se trata de ventajas a las personas, a los grupos, a las entidades intermedias, que no son proveídas por las instituciones privadas.

El impuesto aparece correlacionado a los servicios públicos indivisibles, cuyo coste puede distribuirse entre los beneficiarios o usuarios en particular en proporción al beneficio que obtienen y respecto a los cuales la variación del número de usuarios no influye en el coste del servicio. Los servicios públicos indivisibles son la matriz de la categoría de bienes públicos de disfrute general, indefinido, productivos de ventajas o generadores de desventajas.

¿Cuál es la calificación de subsidiariedad que más la aproxima a los bienes públicos?.

Es menester remontarse al origen histórico ordinario de subsidiariedad. La primera aproximación acentuaba acudir al subsidio del Estado ante los defectos o insuficiencias de la economía de mercado. El Estado no era sino el protagonista obligado de asistencia económica y social en ausencia de la competencia de la iniciativa privada.

Posteriormente, la subsidiariedad reclama el soporte de entidad superior a otra u otras de nivel inferior cuando se afrontan objetivos que no pueden cumplirse sin su asistencia. La subsidiariedad vertical alude a la intervención de una entidad superior, de carácter público, en el caso en el que la entidad de rango inferior titular de la competencia o función no alcance a su desarrollo.es lo que se conoce como subsidiariedad vertical. El subsidio del ente superior es posible siempre que se configure proporcional y razonablemente respecto al objetivo.

Sin embargo, hay un aspecto actual de subsidiariedad que orienta una justificación distinta. Esta vez no se trata del mercado o de otras instituciones; sino de la persona, de los individuos y es bajo este cariz que se advierte la vecindad entre el concepto de subsidiariedad y bienes públicos.

En la doctrina social de la Iglesia el principio de subsidiariedad se percibe como una “expresión de la inalienable libertad” de la dignidad de la persona. El derecho de los individuos de ser independientes de las elecciones y decisiones de otros, con facultad emancipadora de cualquier subordinación o dependencia. No se trata de subsidiar la existencia, sino la plena autorealización de los que no pueden valerse por sí mismos, de los que carecen de igualdad de oportunidades.

“La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a través de la autonomía de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por sí mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades.” (Enciclica Caritas In Veritate Benedicto XVI par.57).

Hay una proximidad clara entre la subsidiariedad de fundamento religioso declamada en términos de libertad e independencia de la persona para su plena realización   y la noción kantiana de Arthur Ripstein de bienes públicos. 

 La definición de bienes públicos en términos jurídicos son las cosas que deben proveerse públicamente para asegurar la libertad de todos los miembros de la comunidad política. (Arthur Ripstein, Force and Freedom, Cambridge, Harvard University Press 2009).

El Estado es el que puede ofrecer la tutela universal a la dignidad de sus sujetos. Los bienes públicos son la encomienda al poder político para que garantice la independencia de sus miembros que no lo puede hacer la iniciativa privada. El bien público es un componente esencial de la libertad de los individuos para exhibirse sin subordinación ni dependencia a las decisiones de los otros.

El Estado actúa con una finalidad pública de igualdad cívica y proporcionalidad con los medios empleados, incluido el tributario. En la subsidiariedad religiosa y kantiana los únicos límites son el propósito público y la coerción, en su caso, para conseguirlo, siempre que se justifique “as a hindering of a hindrance to freedom” (tributos, expropiaciones, prohibiciones).

La provisión de bienes públicos por el Estado fiduciario es necesaria para la dignidad de la persona, su libertad e independencia de la decisión de otros y es el punto de encuentro con la doctrina de la “public trust” de Joseph Sax aplicada al ambiente: el interés o expectativa del ambiente es propio de la ciudadanía. La Administración es mera fiduciaria no propietaria del bien ambiental, predispuesta para su defensa y conservación “as trustee of public trust for the benefit of the people”. Esta doctrina parte de la teoría de la cosa común del Derecho romano.

“that certain interests are so intrinsecally important to every citizen that their free availability tends to mark society as a one of citizens rather than of serfs.”. (J. Sax, The Public Trust Doctrine in Natural Resource Law: Effective Judicial Intervention, 68 Mich L. Rev., 1970).

Por lo tanto, de la subsidiariedad al bien público que garantice libertad cívica para todos, de las imposiciones de otros, ciudadanos y antes que siervos, y de tal garantía a los bienes comunes, que no son objeto de propiedad privada y están fuera del comercio.

Los bienes, en suma, susceptibles de gestión compartida e interés general: agua, energía, éter, ambiente, formación. (F.Gallo, Il futuro non è un vicolo cieco. Lo stato tras  globalizzazione, decentramente ed economía digital, Palermo, 2019).

“la acción de los ciudadanos que individualmente o en forma asociada asumen voluntariamente el cuidado y la tutela de los bienes (materiales e inmateriales) que no poseen a título de propiedad privada, tratándose de bienes de relevancia social, colectiva y por tanto bienes comunes …” (A. Perrone, Sussidiarietà e fiscalità: un nuovo modo di concepire il concorso alle spese pubbliche, Rivista di Dirittto Tributario, 4,2017).

La subsidiariedad horizontal postula la ayuda pública al ciudadano colectivo para la gestión de bienes de interés general, un destino de fortalecimiento de la persona, de la sociedad civil y los cuerpos intermedios y que “son portadores de valores morales que el poder público debe garantizar o en primera persona o atribuyéndolos a la iniciativa autónoma de los ciudadanos “(F. Gallo).

La subsidiariedad, los bienes públicos y bienes comunes definen la necesaria tutela frente a la digitalización de la persona. El derecho a la intimidad es un bien público que debe asertar la libertad de su portador y la captura de los datos personales no puede aceptarse sino como un bien común sometido a valores morales preexistentes que deben respetarse. La actividad de los creadores intelectuales, el trabajo digital, es un bien público a proteger por el Estado y sus resultados son los frutos de un bien común de gestión compartida. No puede escindirse la persona de la privacy, que es extracommercium y pertenece en exclusiva a quien es su titular dominical. La alternativa es la pérdida de la libertad y de independencia frente a la economía privada que se aprovecha del predominio tecnológico, para encauzarla hacia la modificación de los modelos comportamiento, la subsidiariedad coloca a los datos personales como bienes públicos y bienes comunes.

 

7.La superrenta digital. Behavioral surplus.

La superrenta digital en si misma seria causa del impuesto sobre la automatización (W. Meisel). El beneficio del activo digital se aproxima al concepto de superganancia. No son rendimientos normales periódicos y ordinarios, sino excepcionales y extraordinarios (excess profits). 

 La superrenta es consecuencia de ser primeros, la posición oligopólica en el mercado, su naturaleza monopsónica en la apropiación de los datos personales y sustitución del capital humano por la robótica y, finalmente, aunque no, por último, la insostenible ausencia de legislación que consiente todo tipo de prácticas de refuerzo y consolidación de la fortaleza de los más potentes. 

Por una parte, desde la singularidad de su manufactura oligopólica monopsónica es causa generadora de superrenta (excess profit”) en las empresas que los producen y que, por tanto, no encajan en la mera obtención de la renta ordinaria de sus beneficios, ya que, en verdad, sea coyuntural, condicional, por nuevas tecnologías o introducción de nuevos avances, disfrutan de una presencia de mercado que les facilita y garantiza el excedente de renta excepcional en posición de monopolio.

A ello se une que los mismos sujetos controlan un mercado monopsónico con pocos compradores dotados de una influencia determinante sobre el precio(cero) de su primera materia, los datos, lo cual hace que su surplus comportamental sea de crecimiento geométrico.

La superrenta es consecuencia de ser primeros, la posición oligopólica en el mercado, su naturaleza monopsónica en la apropiación de los datos personales y sustitución del capital humano por la robótica y, finalmente, aunque no, por último, la insostenible ausencia de legislación que consiente todo tipo de prácticas de refuerzo y consolidación de la fortaleza de los más potentes.

La ocupación oligopólica y monopsónica del mercado digital propone una elevada concentración de poder en manos de pocas organizaciones, receptoras de las superrentas. Curiosamente, en ausencia de regulación predistributiva escapan a la calificación de otras y anteriores empresas oligopólicas castigadas por la legislación antitrust, tales como tabaco, alimentación, comunicaciones.

W.Brian Arthur sostuvo la hegemonía  del beneficio incremental de la economía del conocimiento en base a dos elementos principales: los elevados costes iniciales (Up-front Costs), costosos en la consecución pero de recursos ligeros en la implementación. El primer disco de Windows costó a Microsoft más de 50 millones de dólares; y el segundo y los siguientes costaron 3 dólares. Los costes se reducen en la medida que suben las ventas. Y los efectos de red, que significan que los productos tecnológicos deben ser compatibles con una red cada vez más amplia de usuarios (Metcalfe). (W. Brian Arthur, Increasing Returns and New World of Business, April 27, 1996, Harvard Business Review, july-august,1996).

El producto predictivo es de costosa elaboración, pero su expansión, reutilización, es infinita y a coste cero. El cambio tecnológico es caro, pero, la utilización no menoscaba su valor, y el empleo una y otra vez, no genera costes significativos ni adicionales y su renta es, como se demuestra, excepcional, e incremental.

“…los modelos de negocios de la economía digital se caracterizan precisamente por su “escalabilidad” – los rendimientos de escala de efectos exponenciales ligados a los efectos de la red y un precio de coste marginal que se acerca a cero” (Collin-Colin).

El primer dato personal digitalizado, elaborado y transformado en cadena de bits y bytes, mercancía informacional, es susceptible de reiteración, repetición, aplicación continua y sistemática, sin otro coste que su promoción en la red, plataformas, o medios de Internet.

El beneficio de la robótica y del producto predictivo, del activo digital de uso y análisis de datos, se aproxima al concepto de superganancia. No son rendimientos normales periódicos y ordinarios, sino excepcionales y extraordinarios (excess profits). 

El excedente comportamental (behavioral surplus) es una superrenta. Para la doctrina clásica era argumento bastante para sustraer rentas al sector privado a favor del sector público, porque no tenían ninguna necesaria causa de fundamentación, salvo el enriquecimiento. 

Griziotti justifica la imposición a la superrenta en dos argumentos. Por un lado, son consecuencia de una ruptura de la libre competencia en el mercado que propicia privilegio o favorecimiento a los que la perciben. Por otro, que ello obliga al poder público a gravar la mayor capacidad contributiva demostrada en su realización.

El impuesto debe recortar, por razones de justicia distributiva, el exceso de la remuneración a determinados factores de la producción entendida como una retribución superior a lo necesario para provocar la oferta. La superrenta en la deriva de situaciones excepcionales v.g. guerra y posguerra o mercados monopólicos u oligopólicos.

“Las rentas obtenidas en régimen de libre concurrencia se adquieren con mayor trabajo, con mayor sacrificio, mientras que las otras ganancias corresponden a circunstancias que ponen un límite a la concurrencia y colocan en una situación de favor, de excepción o de privilegio a quien las percibe .Se debe convenir que corresponde al principio directivo de los sistemas financieros modernos el estimar que revelan una mayor potencia contributiva aquellos que obtienen superrentas y que pueden con relativa facilidad obtener  del trabajo o del capital  ganancias ingentes por efecto de causas favorables especiales ,en oposición a aquellos que por la actividad personal y el empleo de capitales obtienen remuneraciones reducidas al mínimo por la acción de la libre concurrencia.”(B. Griziottti, Principios de Política, Derecho y Ciencia de la Hacienda, Madrid,1935).

La superrenta grava la parte de la renta que se considera excede la remuneración normal.

J.A. Hobson critica, en la huella de D. Ricardo, el sistema de mercado de los beneficios no justificados, extraordinarios o especulativos. El punto de partida es que el impuesto no debe perturbar la discriminación entre costes y beneficios. Pero, el límite es que el excedente no sea resultado de monopolio o de una oportunidad económica superior.

El sistema económico es a la vez competitivo y manipulado. La combinación entre empresas de distinto origen trata de evitar la despiadada competencia (cut-throat competition) mediante distintos acuerdos-trusts, carteles, asociaciones- y combinaciones en cuya virtud se trata de “combine so as to control prices and take profits higher than those attainable under free competition”. (J.A. Hobson,1919, Taxation in the New State, Routledge 2013).

La superrenta no deriva de la libre concurrencia, sino de los acuerdos de manipulación entre distintos agentes económicos en situación de privilegio, de ventaja, de favorecimiento, en el mercado. Los poderes oligopólicos pueden conducir a la nacionalización del sector o, si esto no fuera conveniente o factible, se requiere una fiscalidad sobre los beneficios excesivos debidos al monopolio dirigida a “divert large portions of these profits from private hands to public treasury” (J.A. Hobson).

El impuesto no es repercutible sobre los consumidores:”. there is no tendency for a tax on surplus-profits to be shifted on to the consumer. It will lie where it is put.” (J.A. Hobson). Y esto también lo suscribe Griziotti, puesto que la posición de monopolio absoluto del beneficiario impide la competencia o la oferta mercancías substitutivas. Por ejemplo, afirma, cuando en el caso de la explotación de minas de minerales raros no hay posibilidad de concurrencia.

J.A. Hobson contrasta sistemáticamente entre costes y beneficios y entre costes y beneficios excesivos o excedentes, considerados innecesarios y, a la postre, calificables como rentas no ganadas o creadas por los sujetos que las reciben como beneficios. El beneficio razonable excluye, sin embargo, el excess profit cuya fuente es el azar, la manipulación o el oportunismo de la empresa. Hay una parte del valor económico creado que pertenece al Estado.

El impuesto grava el beneficio excedente del beneficio normal respecto al patrimonio neto de cada empresa, acorde con las circunstancias de cada sector de actividad económica durante un periodo de tiempo determinado. Es difícil establecer donde termina el beneficio normal, como coste ordinario, y comienza el excedente; pero, no es una misión imposible. El legislador es más o menos consciente del impuesto que puede establecerse sin perturbar la continuidad de la industria o del sector: “Now elements of income which do not “dry-up” under taxation and the taxing of which does not disturb industry is precisely what we here call surplus-income” (J.A. Hobson).

El impuesto sobre la superrenta digital es un ejemplo clásico de excess profits, que deben soportarlo las empresas que la consiguen porque no pagan ningún impuesto sobre ella, que, como constatación casi obvia, es lo que sucede en la actualidad, con la economía digital.

La superrenta digital es una manifestación específica de goce y usufructo de servicios públicos, de capacidad contributiva.

Por un lado, ninguna renta hubiera sido factible sin la cooperación pública a la investigación y desarrollo desde el inicio: sin la ayuda del Estado no existiría Internet.

Por otro lado, la creación de la riqueza y la renta de los beneficiarios no sería posible sin la recogida de los datos personales, de carácter puramente social, ni la educación para su provisión y empleo de los servicios digitales por una generación educada y entrenada por el sistema de formación y las infraestructuras de comunicaciones e información público y seguridad social.

La materia prima humana gratuita que sirve a la economía digital está educada, formada, cuidada y emplea infraestructuras necesarias en cada uno de los Estados en los que reside. Las empresas digitales o digitalizadas cosechan el trabajo gratuito de los ciudadanos y producen las inferencias comportamentales, pero, sin quedar obligados, en la práctica, ha impuesto alguno.

“It is not enough to represent these rents, excessive profits and other elements of surplus, as not earned or created by the personas who receive them as income. They are directly produced by the operation of social needs, institutions and activities. And individual acting by himself can create no wealth. The materials and tools with which he works are supplied to him by elaborate processes of social cooperation. The skill he applies to their use has been laboriously acquired by past generations of men and communicated to him by education and training. A highly complex division of labor based upon cooperation in the industry and workshop prescribes and gives “value” · to his particular job…Thus Society cooperates everywhere with the individual producer and assigns to the product its “value”.(J. A. Hobson).

El valor del excess profit exhibe la capacidad contributiva de la renta digital es el objeto del impuesto, ya que, como afirma Griziotti, su sometimiento al impuesto no suscita ni una reducción de la oferta ni un aumento en el precio de los servicios ni un empeoramiento del tenor de vida de los poseedores de los factores de producción “puesto que no se empeora la calidad ni se disminuye la cantidad de la oferta”.

En general, el impuesto sobre los beneficios excepcionales atiende las actividades económicas que son innecesarias para mantener o promover procesos de producción o consumo que sean socialmente serviciales. Por tanto, no parece injustificado derivar del principio de capacidad contributiva un vínculo del legislador ordinario para gravar el excess profit.

La superrenta digital es una remuneración en exceso de cuanto es necesario para la provocar la oferta de una cierta cantidad de factores de la producción. El exceso es evidente y no requiere mayor demostración adicional. El impuesto no gravaría el beneficio empresarial en sentido estricto como prima a la innovación tecnológica. (S. Steve, Lezioni di Scienza delle Finanze, 1972, Padova).

La superrenta es lo que está por encima y más allá de la renta normal, ordinaria. La prima de innovación significa respeto al redito normal de la actividad, la renta de innovación y la superrenta que se grava es el surplus de aprovechamiento de la posición oligopólica y monopsónica.

“.la imposición a las superrentas incide directamente a las empresas que las producen sin posibilidad de traslación y …permite al Estado cobrar el impuesto del contribuyente indicado por la ley el que resulta incidido…Además el impuesto es equitativo, por gravar indudablemente rentas excedentes que dejan al contribuyente no solo la renta normal sino también una parte de dicho excedente. De ahí que se reconozca una adherencia tanto a lo racional como a lo equitativo” (D. Jarach, Finanza Públicas y Derecho Tributario, Buenos Aires,1983.)

El impuesto es la segunda alternativa porque, como anticipara J.A. Hobson, si el poder del monopolio fuera absoluto solo quedaría la nacionalización para eliminar la causa de la superrenta o, asimismo, como suele suceder, la inmunidad fiscal.

Dice Pigou que la imposición discriminada de la superrenta se propicia cuando no sea posible una válida política antimonopólica.” Hence it will, in general, be more in the interest of the community as a whole for the State to prevent the exercise of monopolistic power than to permit it and to tax the proceeds”(A.C. Pigou, a Study in Public Finance, London, 1928, Hesperides Press, 2014).

El impuesto sobre la superrenta es típico de situaciones excepcionales, vg. en tiempos bélicos, donde las ganancias responden no siempre al talento empresarial cuanto a las circunstancias de escasez o limitaciones de cualquier tipo. Puede parecer exagerado identificar circunstancias similares en el inicio de la revolución tecnológica digital, si no fuera por las víctimas que está produciendo y producirá en el mercado, en la sociedad, en la persona.

Esta sociedad algorítmica tiene algo de tiempo de guerra, por sus aceleradas externalidades negativas y los daños y perturbaciones que describen los efectos de la manipulación y desinformación y el desempleo tecnológico y la simétrica desigualdad social y económica que impulsa.

El exceso de comportamiento es, en sentido clásico, renta no merecida o ganada, que no premian la aptitud innovadora, si no situaciones no previstas de mercado, v.g. la ausencia de regulación, de control administrativo, de propiedad concentrada en pocas manos. Uno de los instrumentos predicables es el impuesto que grave la renta excedente por sobre la renta efectiva normal u ordinaria.

Tales rendimientos por ser más elevados que los propios de otras formas de empleo de los factores sobre el mercado, aunque si no en su montante absoluto, presentan una particular capacidad contributiva mayor que la propia de una renta normal “(C. Cosciani). 

Ahora nos encontramos en esa encrucijada.

 

8.Productos predictivos. Los derivados digitales. La especulación por inferencia.

“Los productos predictivos se comercian en una nueva clase de mercado dedicado a las predicciones comportamentales que yo defino como mercados de futuros de comportamientos” (Zuboff). 

La mercancía informacional es fronteriza con la apuesta de futuro, en el futuro. El producto predictivo de hoy apuesta claramente por la renta del porvenir, por su éxito en la probabilidad de los comportamientos elaborados y la certeza de los resultados conseguibles. Es una apuesta sobre rendimientos garantizados o casi, que, no obstante, arriesga su error, su equivocación, lo cual la aproximan a las opciones financieras, una mera apuesta o lotería, como en los híbridos financieros y sintéticos.

El comercio de la mercancía informacional, del producto predictivo, tiene en sí mismo la naturaleza del activo financiero intangible de futuro. La diferencia aparente entre la apuesta de un cierto cambio de comportamiento, obra de la manipulación y desinformación y especulación, y el juego de híbridos financieros o sintéticos en el mercado es la convicción en la bondad de la inferencia algorítmica para el rendimiento conseguible del cálculo del comportamiento humano, cosa que, por ahora, no sucede con los segundos.

Los activos subyacentes de derivados – forward, options, swaps, repo’s atienden a una variedad de categorías: hay mercancías agrícolas, metales, energía, títulos del Tesoro, índices de tasas de interés, índices de mercados bursátiles, monedas, legales o virtuales, electricidad.

La crisis financiera de 2008 tuvo a los derivados financieros como motor insustituible: tanto para alimentar la especulación a corto plazo cuanto para crear la ocultación fiscal y desplazamiento de beneficios. Pero, no hubiera sido posible sin la tecnología de la información que proporciona la transmisión instantánea, la interconexión y la velocidad de las transacciones. A ello se une que la comercialización de los derivados financieros fue ampliamente facilitada por la digitalización de los productos, que ni tan siquiera exigía al inversor conocer de matemática financiera o algoritmos.

Ahora, la economía digital está a punto de devolver el favor a la economía financiera y la planificación fiscal agresiva.

Imagínese, por un momento, un mercado de futuro cuyo activo subyacente es la inferencia algorítmica de los productos predictivos. La asociación entre el sistema financiero y la economía digital produciría una nueva fase de especulación sistémica: la especulación inferencial o por inferencia.

El producto predictivo nace como efecto de la pretensión(vana) de identificar inteligencia artificial con causalidad y verdad. No es así, El algoritmo como instrumento humano padece todas las restricciones propias de su imperfección. Por eso, ni la inferencia, correlación o generalización equivalen a verdad o causa, sino simplemente, lo cual tiene mucho mérito, a técnica estadística basada en los grandes datos y en las aproximaciones casuales que suscitan.

La mercancía informacional, el producto predictivo apuesta su valor en el mercado (de futuro) como activo subyacente portador de la especulación inferencial.

La mercancía informacional, como las mercancías físicas, puede ser apuesta sobre lo que vendrá:”apuestas sobre el comportamiento futuro”(Zuboff).El futuro es la arquitectura dominante en la especulación inferencial.

Tiene razón J. E. Cohen al afirmar que “los participantes en el mercado de datos comercian con la gente del mismo modo que se comercia con las mercancías y divisas de futuro”. Esto significa que el próximo desafío es la especulación inferencial si ya no existe, de un mercado de datos personales a futuro.

Hoy la plataforma digital posee libre acceso y disposición a inferir lo que se proponga, a partir del uso de nuestros datos personales. La speculation inferential va un paso más allá.

“Computer algorithms and network analyses can now infer, with a sufficiently highly degree of accuracy, a wide range of things about you that you may never disclosed, including your moods your political beliefs ,your sexual orientation and your health”.(Z. Tufekci, Think you´re discreet online? Think Again, The New York Times, April 23, 2019).

Es una especulación que se deduce de nuestros datos para alterar o modificar nuestro comportamiento en la dirección del máximo beneficio. Pero, que toca elementos de absoluta intimidad, tales como, la depresión, la estabilidad emocional, los deseos, las emociones. La especulación podría ligar perfectamente la apuesta de depresión y suicidio; de estabilidad emocional y trabajo o estudio; de sexo o hábitos y vulnerabilidad; de minorías y criminalidad.

La especulación supone adornar una predicción –profiling con el mínimo tiempo, la mínima permanencia, la máxima frecuencia. La inferencia algorítmica reduce el tiempo la permanencia y la frecuencia a milésimas de segundos.

Si la actividad de especulación es por inferencia será bajo el control algorítmico al cuadrado o al cubo, donde los algoritmos controlan algoritmos los cuales a su vez serán controlados por otros y así sucesivamente. La brevedad de los tiempos de decisión, la brevedad de la permanencia y la velocidad de frecuencia ajena al control humano conducen a un territorio de absoluto secreto, ininteligibilidad y opacidad.

La especulación inferencial es el uso del algorithm for escaping detection, v.g. Exchange Traders Funds en los mercados bursátiles. (T. Karppi, K. Crawford, Social Media, Financial Algorithms and the Hack Crash, Theory, Culture, Society, 2016).

La especulación inferencial es connatural al producto predictivo y supone transformar la especulación financiera en especulación descontrolada, desregulada, ilimitada, sobre los secretos últimos de cada uno, o sea, una especulación subjetiva donde la apuesta es la persona en sí misma, su conducta y los métodos para su adaptación o cambio.

El producto predictivo es una mercancía informacional digital o virtual cuyo valor de futuro se asienta en su acierto o error en las inferencias sobre las que se advierten su realización. Es un activo intangible por partida doble: primero, porque la apuesta algorítmica no es actual sino de lo que pasará y, segundo, porque es una apuesta que se basa en conjeturas presentadas con más o menos verosimilitud, como si fueran verdad, que no lo son.

La especulación por inferencias recoge la suerte del producto predictivo en el mercado de futuro y la consecuencia será o ganancia o pérdida de capital no realizadas, v.g. la ecuación depresión-suicidio, de contrastarse, equivale a ganancia de capital y, al contrario, sería una pérdida; la fragilidad emocional de la persona con problemas de obesidad, de alcoholismo, de adicción puede generar una ganancia de capital, de confirmarse, o pérdida.

La mercancía informacional transforma la misma privacy en mercancía, en esa línea anunciada por Polanyi, la creación de una nueva mercancía de ficción que no es ni el trabajo, la propiedad o la naturaleza, sino la propia persona.

Los derivados digitales, son casi intrínsecos al mercado de futuros comportamientos, exhibiendo un componente análogo, sino similar, al que se pretende con el empleo de los híbridos financieros y sintéticos: una apuesta de riesgo que, por su dimensión sistémica, desplaza el riesgo desde las empresas a la red, a las plataformas, a Internet, a los usuarios, en definitiva.

La financiarización digital significa el desplazamiento del riesgo sistémico a través de los productos predictivos en mercados de futuro globales e interconectados. La especulación por inferencias asume un carácter contemporáneo de riesgo sistémico como el que fue propio de la especulación financiera.

Las fuentes de extracción de valor del capitalismo de vigilancia son las   superrentas excepcionales y las ganancias de capital no realizadas que se obtienen en el mercado de futuros mediante derivados financieros o instrumentos parecidos. Ambas fuentes determinan el behavioral surplus.

La manipulación de comportamientos futuros tiene su traducción financiera y fiscal en el concepto de ganancias de capital obtenidas sin venta o transmisión de los activos, plusvalías que se realizan sin transmisiones o cesiones, sin realización. Esto se logra a través de la creación de contratos que suponen ventas de activos intangibles, pero cuyos resultados se difieren en el tiempo hasta el momento de su realización, tiempo que puede ser infinito como el producto predictivo, pero, que puede originar la ganancia de capital al instante sin ser el propietario del producto o la mercancía informacional.

Precisamente, ese el centro de la cuestión: el aumento del poder de disposición de las empresas que usan la digitalización sobre sus bienes y servicios en el mercado de futuro. La respuesta fiscal adecuada es la aplicación del método “mark-to-market” sobre las categorías de productos predictivos cuyo valor no depende ni está relacionado con su transmisión, sino, simplemente, con la especulación por inferencias: cualquier incremento anual de valor producido, se trataría como excess profits, se hubiera o no producido su realización.

La especulación referencial es la extensión perversa del producto predictivo sobre las emociones primarias de las personas. La plataforma digital puede prever, con mayor o menor precisión, determinados rasgos psicológicos de usuarios para su aprovechamiento lucrativo. De la información básica pueden extraerse consecuencias nefastas para el comportamiento de la persona que sirven, al mismo tiempo, para la obtención de excedente de comportamiento.

Con la conveniencia que no hay definiciones ni normas que las regulen, las controlen, o sancionen. Es otro espacio sin ley de la digitalización.

“We also need to start passing laws that directly regulate the use of computational inference: What will we allow to be inferred, and under what conditions, and subject to what kinds of accountabilitym disclosure, controls and penalties por misuse. (Z. Tufekci).

9.El impuesto sobre los datos personales. La localización de renta específica. La renta Ricardiana. Recursos Naturales.

El impuesto digital tiene como elemento principal de capacidad contributiva la creación de valor por los usuarios, creadores intelectuales, trabajadores gratuitos, en cada país. Hasta ahora, prosperan distintas iniciativas pero que no lo son tanto. La India fue un país pionero en el establecimiento del Impuesto de Equiparación (Equalisation Tax), a la siguieron los proyectos del Reino Unido y de la Unión Europea (T. Rosembuj, Inteligencia Artificial e Impuesto, Barcelona,2019).

El IE de la India posee la naturaleza de un impuesto sobre la renta íntegra y adopta una presunción absoluta de renta que afecta a las empresas extranjeras digitales carentes de establecimiento permanente.

El proyecto británico es próximo al de la Unión Europea en un tema esencial: la relevancia a la participación del usuario en la creación de valor en el territorio. El usuario concede poder de mercado y economía de escala. Esto justifica la oferta digital de servicios innovadores gratuitos.

El proyecto de la Unión Europea se centra en la provisión de servicios digitales caracterizados por la creación de valor por el usuario, que no existirían sin la monetización de la entrada del usuario.

Cui identifica defiende el modelo de impuesto sobre servicios digitales porque está dirigido a capturar por los países donde se verifican las rentas de localización específica creadas por las plataformas digitales.

El autor centra los sujetos pasivos en las plataformas digitales que generan el poder de mercado mediante sus efectos de red; modelos de negocios de dos o más lados que implican complejas opciones de precios para la maximización de beneficios; costo marginal irrelevante; y movilidad geográfica en la localización de la realización del servicio y el reconocimiento del beneficio.

“The idea is to allow the country where the rent is located to tax the rent. Research on the industrial organisation of digital platforms has revealed a rich variety of ways in which platforms can earn supra-normal profits.”. (Wei Cui, The Digital Services Tax: A Conceptual Defense, University of British Columbia, October 26, 2018 SSRN). 

Cui y Hashimzade profundizan en el impuesto de localización de rentas específicas. (Wei Cui Nigar Hashimzade The Digital Services Tax as a Tax on Location –Specific Rent, January 23, 2019 SSRN).

Precisamente, las intuiciones que acompañan al impuesto de localización de rentas específicas adquieren una contextura más identificable: los datos de la persona, la renta ricardiana que su recogida gratuita procura a las plataformas digitales y, finalmente, el excess profits como si fuera un impuesto a la extracción de recursos naturales.

El impuesto sobre servicios digitales es un impuesto sobre rentas económicas obtenidas por la plataforma digital en una localización particular. La justificación del impuesto reside en que las plataformas digitales obtienen una renta substancial y que tal renta puede encontrarse en los países usuarios donde las plataformas operan internacionalmente.

Los datos de los usuarios poseen un valor económico significativo y pueden asimilarse a recursos naturales con localizaciones definidas. Pero, y esto es un error de los autores, limitan su importancia concediendo más renta a la que deriva de la publicidad o la intermediación de transacciones de consumo. en realidad, la fuente de la economía digital es el dato personal y solo así puede entenderse la analogía con el recurso natural.

Esto no empece para que asuman como criterio que la minería de datos permite la fácil analogía con la minería de recursos naturales y adopten la renta ricardiana como individualización de la renta que se transfiere desde el usuario a la plataforma: el importe ganando por un factor de producción o un recurso en exceso es la suma necesaria para la provisión del recurso. Lo que para Hobson y Griziotti constituían los excess profits. 

“This leads to a natural justification of the taxation of such rent buy the jurisdiction where the users are located.” (Cui-Hashimzade).

De la proximidad de los datos personales a nuevo recurso natural sigue la proposición del impuesto sobre servicios digitales como si fuera un impuesto sobre recursos naturales o, mejor dicho, un impuesto sobre la renta íntegra.

“Th DST is straightforwardly analogous to a resource royalty, whe it is imposed by a government on the revenue of a digital platform earning a quasi renta that arises from governmente jurisdiction.” (Cui-Hashimzade).

No es una analogía novedosa. G. Fransoni compara la presencia material de un establecimiento permanente en la extracción de recursos naturales con la extracción inmaterial de datos, data mining. La adquisición de datos, como lo fue el petróleo, los metales o las piedras preciosas para las industrias extractivas es la materia prima principal de valor que “tiene como su fuente a los miembros de las colectividades residentes en cada Estado, los cuales constituyen su “mina”. (G. Fransoni, La proposta estone di una web tax basata sul numero dei clienti: stabile organizzazione virtuale o reale?, rivista di Dirittto Tributario, 21 settembre 2017).

Pero, la mina aquí no es otro que el individuo, el grupo, las categorías sociales, la población. El data mining es como “una mina a cielo abierto de la cual se extraen datos ininterrumpidamente” (S. Rodotà, Vivere la democrazia, Bari 2018). La mina es la metáfora de la persona, el grupo, las categorías sociales, la población de la que se consigue la materia prima principal de la creación de valor.

“Los usuarios son la fuente de la materia prima que alimenta una nueva clase de proceso de manufactura “(Zuboff).

La persona es la mina de la riqueza digital. La mina de minerales raros premia a su explotador con superrenta monopólica ricardiana. La creación de superrenta digital por la plataforma en cualquier jurisdicción donde actúe, gratuita u onerosamente, propicia que la renta obtenida de la captación de usuarios puede generar al Estado derecho de imposición.

 

CONCLUSIONES

EL capitalismo de vigilancia, en la acertada expresión de Zuboff, es una amenaza para la libertad e independencia de la persona. El derecho a la intimidad es un bien público y un bien común sometido a tutela del dominio público. El lucro excesivo de pocas organizaciones viene de la apropiación de los datos personales y su transformación en productos predictivos destinados a transformar el comportamiento del individuo. Toda la economía en su conjunto vive las vísperas digitales con emoción y cínico entusiasmo. Las nuevas tecnologías presagian males antes que bienestar. Los datos que originan la superrenta deben servir para crear un dividendo social, renta mínima garantizada, que sirva para moderar la externalidad negativa de la desocupación tecnológica e impedir la autorregulación del mercado digital. La explotación de los datos personales son un dividendo laboral del capital humano que debería retribuir a todos y cada uno de los titulares y en su proporción. El dato es la nueva categoría del trabajo, que requiere clasificación, categorías, representatividad y nueva legislación. El usuario digital es el nuevo creador intelectual sin cuya participación no existiría la superrenta digital. El impuesto deben soportarlo las empresas que la consiguen porque no pagan ningún impuesto sobre ella, que, como constatación casi obvia, es lo que sucede en la actualidad, con la economía digital. La persona es la mina de la riqueza digital. La mina de minerales raros premia a su explotador con superrenta monopólica ricardiana. La creación de superrenta digital por la plataforma en cualquier jurisdicción donde actue, gratuita u onerosamente, propicia que la renta obtenida de la captación de usuarios como su materia prima puede conceder al Estado el derecho de imposición.

 

REFERENCIAS

 

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8.” By searching, for instance, they provide information that can shape advertising; by posting on social media, they provide content that attracts other subscribers; Through their” user participation “they are” co-contributing to a business offering.” (IMF Policy Paper Corporate Taxation in the Global Economy, March 2019, p. 15).

9.“If there were a clear separation between the data and the subsequent processing of the data, the right policy would be simple: the data should belong to the customer and be portable – that is transferable to third parties at the wish of the customer. ” (J. Tirole Economics for the Common Good, 2017, Princeton University Press,406-407).

10.” And set the price for using my data and it`s easy and normal to earn money if my data is valuable.,” (J. Lanier, Ten Arguments for Deleting your Social Media Accounts. Right Now, H. Holt and Company,2018, p. 99.

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