Revista nº 194. Las razones son razones, las diga Berlusconi o su porquero

LAS RAZONES SON RAZONES, LAS DIGA BERLUSCONI O SU PORQUERO.

TULIO ROSEMBUJ. Catedrático de derecho financiero y tributario-Universidad de Barcelona.

Es un error confundir al mensajero con el mensaje. Berlusconi es lo que es y nadie puede ignorarlo. Pero, cuando apunta razones en sus razones hay que ser cuidadoso. No vaya a ser que le escuche más público que el que sus adversarios imaginan.

El retorno de Berlusconi se basa en tres desgracias, a su criterio, que hunden a Europa en la miseria; la desgracia del euro; de Alemania y de la tecnocracia.

El euro es una moneda común extraña, porque no hay banco de última instancia, un banco central europeo, que lo maneje. Podría decirse que esto ha cambiado con la designación de Mario Draghi como director. Pero, no es cierto. Draghi es más audaz que Trichet, el anterior; cosa que no es difícil, porque fue el propio antiguo gestor el que sostuvo el peligro de la inflación en medio de la depresión iniciada en 2008 y convertida ahora en recesión. Un Banco Central que duda con la liquidez, la circulación monetaria, la devaluación y que aunque quisiera se lo impedirían. Si España fuera el reino de la peseta, seguramente, su Banco Central hubiera devaluado para permitir la recuperación de la competitividad perdida, facilitando la exportación y suavizando el cumplimiento de la deuda en su moneda. Cada Estado miembro sacrifica su banco central a un banco que es no ejerciente.

El mensajero dice ¿por qué no volvemos a la lira? Y así nuestro Banco Central manejará los tiempos de la política monetaria, la cantidad y calidad del medio de pago, la relación con otras divisas, los estímulos a la inversión y al comercio exterior.

No puede decirse que carezca de razón. En el medio uno puede desbordar todo su pensamiento melodramático, pero, la verdad, ¿por qué la gente, la sociedad, los ciudadanos, tienen que sufrir por el euro?. O en otras palabras, por qué motivo un deshauciado decide suicidarse a causa del euro.

Hay otras alternativas, menos rudimentarias. En lugar de volver a la peseta pesetificar el euro, o, lo que es igual, con cada antigua moneda de los Estados miembros, construir una moneda que les sirva a todos en el verdadero sentido de la expresión. Que si no hay liquidez se aumente la circulación monetaria; que si hay que devaluar se haga. Pero, claro esto supera a los tecnócratas. No puede ser el director del BCE que haga de su capa un sayo y adopte medidas sin representación democrática que lo autorice, en nombre de una representación que no tiene.

Hasta ahora, el Banco de la Reserva Federal de los EEUU gana por goleada al Banco Central Europeo, porque hizo el diagnóstico correcto y creó los mecanismos para inyectar sangre en el sistema económico, que facilitó la recuperación del país.

Otro Banco Central Europeo o la peseta. Es un buen punto de partida.

No puede dejarse Europa en manos de Alemania. Simplemente, porque a Alemania, como siempre, solo le preocupa su propio y exclusivo interés nacional. A veces coincide con otros; pero, como la historia nos lo demuestra, si no es asì, trata de imponer su voluntad a los discrepantes, sea por las armas o por el abuso de poder económico. Decía Malaparte que Alemania es cruel con los más frágiles. Tenía razón. Que se lo pregunten a España, Italia, Portugal, Grecia, Irlanda.

El verdadero Banco Central Europeo es el Bundesbank. Su extremo y radical neoliberalismo arroja a millones de personas a la desesperación. Alemania no puede ser líder, porque su interés es la ocupación y la conquista europea. Antes con el ejército; ahora, con la banca.

No es casual la reacción británica. Al margen del gobierno conservador, rebrota una preocupación social ampliamente difusa, cual es la voluntad de poder alemán. Decir no al neoliberalismo debería ser la primera obligación de los débiles, de las víctimas de la especulación financiera, del banco central alemán, del diseño de ocupación alemana.

Finalmente, la supremacía de la tecnocracia sobre la representación democrática. La suspensión institucional en Italia, con Mario Monti, aunque justificada por la personalidad de Berlusconi, es un precedente peligroso. En ningún caso debe admitirse que un técnico, por valioso que sea, subordine la política a su determinación. Y no es una defensa de los políticos, sino de los representados. ¿Cómo se puede responsabilizar a un gobierno sin representación democrática?. El corolario es peor. Ahora Monti pide un cheque en blanco a los partidos políticos, pero, sin presentarse a las elecciones.

Las razones son las razones, lo diga Berlusconi o su porquero.

Primero, el paro al centro del programa económico de recuperación. No puede convertirse en invisibles a millones de desocupados, a millones de jóvenes sin perspectivas. El sector público debe crear una garantía universal de trabajo para todo el que quiera trabajar. Así, como hay un banco de última instancia; debe crearse un empleador de última instancia que no es otro que el Estado. Y esto hasta que se recupere la demanda privada. Seguramente, para los que les gusten los números costará menos que el rescate bancario nacional y europeo.

Segundo, si el déficit se dispara, que lo haga. No pasa nada. Lo que importa es poner en marcha la locomotora. Y el único que puede hacerlo es el Estado o varios o todos los Estados. Si no es el Estado, no hay nadie que ayude a los más débiles. Si no es el Estado, continuará el privilegio de la especulación financiera, de la banca a la sombra, de los fondos de inversión. O sea, abrimos la puerta, a otra crisis financiera como la de 2008.

Tercero, decir que no a Alemania no puede ser tan difícil. Al fin y al cabo, la historia cuenta los desafíos alemanes a Europa por derrotas. No pasa nada, si suma una nueva, esta vez sin el drama de la guerra, si no poniendo estrictos límites a su nacionalismo extremo e ideología radical.

Finalmente, ¿de dónde vendrá el dinero?.De dos impuestos sistémicos: uno, el Impuesto sobre Transacciones Financieras, que penaliza la especulación financiera a corto plazo y el Impuesto sobre CO2, Carbon Tax, que ponga un precio sobre las unidades de carbono, sobre los productores de combustibles de origen fósil, causantes del cambio climático.