Revista nº 195. Obama: ¡Que lujo!

OBAMA: ¡QUE LUJO!

 

 

Tulio Rosembuj

 

La lectura del discurso de investidura de Obama es un lujo: hay otra política, hay otra gobernanza, hay otros valores, que los que inspiran al neonazismo liberal.

Un primer apunte es que nada se debe solo y exclusivamente a la acción del individuo. Las libertades individuales no serían posibles sin una acción colectiva. Es la sociedad en su conjunto que permite el éxito económico. El beneficio de la empresa no es mérito exclusivo del empresario. Sin la acción colectiva no hay transporte ferroviario ni autopistas; tampoco escuelas e institutos que forman a los trabajadores. El mercado libre exige asegurar la competencia leal y correcta. Ningún país debe olvidar su obligación de tutelar a los más frágiles y proteger a su gente de lo peor de las vidas y el infortunio.

No hay ningún individuo que por si mismo pueda enseñar matemáticas o ciencias que los maestros necesitan para educar a los niños o construir calles y redes y laboratorios de investigación que traen nuevos trabajos y empresas.

.La libertad no está reservada a para la suerte y felicidad de unos pocos. No se puede elegir entre el cuidado de la generación que construyó el país e invertir en la generación que construirá su futuro.

Las obligaciones no son para los contemporáneos, sino para la posteridad. Nuestro fracaso ante el cambio climático es una traición a nuestros hijos y generaciones futuras.

“…el país no puede tener éxito cuando pocos elegidos lo hacen muy bien y una creciente mayoría apenas puede hacer.”

EEUU debe ser el ancla de alianzas fuertes en cualquier rincón del mundo. “Y debemos renovar las instituciones que extienden nuestra capacidad para gestionar crisis en el exterior.”

Hay mensajes hacia la justicia global, en la defensa de la democracia porque es del propio interés del país y de su conciencia actuar a favor de los que reclaman la libertad: “debemos ser fuente de esperanza para los pobres, los enfermos, los marginados, las víctimas del prejuicio.”

No es una cuestión de caridad, sino una aplicación de los principios de tolerancia, de oportunidad, dignidad humana y justicia. Todos somos iguales.

La jornada no está completa si no podemos asegurar un salario igual a sus esfuerzos para las mujeres; si no hay igualdad de tratamiento para los gais; si no abrimos las puertas a los emigrantes, en lugar de expulsarlos; si nuestros hijos no están a salvo de amenazas.

Se debe actuar ahora, sabiendo que las decisiones pueden ser imperfectas y que los que vendrán lo harán mejor; con un esfuerzo y propósito común.

Es un discurso comprometido con los frágiles, los vulnerables, con la igualdad y la justicia.

Hay ecos de Carl Levin y Elizabeth Warren cuando indica que el suceso de la empresa nunca es del propio empresario, si no que está condicionado por las obras públicas, el soporte educativa, la atención sanitaria.

Pero, aún más, en un tono más propio de la filosofía cosmopolita asume que la justicia global no debe entenderse como caridad, si no como verdadera obligación hacia los menos afortunados.

El Estado, no es concebido como el protagonista centralizado o el protagonista único de la actividad económica; pero, es el que pueda garantizar a cada ciudadano recuperar su dignidad y seguridad mediante el trabajo justamente remunerado la protección ante la enfermedad o la catástrofe. Esto no convierte a la sociedad en pedigüeños, si no que la liberan para su oportunidad de tomar riesgos que le sirvan y mejoren a la comunidad.

Obama abre una vía al aire fresco. Es intérprete de una perspectiva que rehúsa la ilusión financiera de los más potentes, del 1% de la riqueza y de la renta. Es decir, no hay democracia ni libertad sin igualdad ni justicia hacia dentro y hacia fuera.

Y es un discurso que, con toda razón, rechaza que la austeridad del gasto público, la reducción del deficit y el endeudamiento público, sean más que un resultado cíclico a afrontar, sin sacrificio de los valores superiores: sean más que un mero pretexto para que la versión del sistema financiero, las empresas transnacionales, los más ricos, expulsen la justicia social, la igualdad de oportunidades y la protección de los más débiles.

Europa en manos del pensamiento neonazista liberal exhibe con orgullo el equilibrio falso de los presupuestos generales del Estado, con sacrificio total y absoluta de la mínima justicia hacia los trabajadores, hacia los ancianos y los necesitados de garantías de supervivencia.