ES LA EVASIÓN , ESTÚPIDO

1.-El escándalo entre Alemania y Liechtenstein, entre un país correcto y un paraíso fiscal, suena a conocido. Cambia la letra, pero, la música es la misma. Hace años, cuando se descubre el dinero oculto de la cúpula del BBVA en las Islas Cayman que transita hacia Liechtenstein y finalmente a Suiza, se dijo que la fuente provenía de un servicio de información extranjero, el cual al investigar criminalidad organizada y terrorismo encontró datos que podían interesar a otros, que no a su propósito. Así Garzón (y España) se enteró.

El servicio de información alemán compra por 4.5 millones de euros datos de ocultación de más o menos mil connacionales contribuyentes por un importe total superior a los 5.000 millones de euros. Seguramente, buscaban otra cosa; como no la encontraron pasan la noticia a la Hacienda Pública que así toma conocimiento de la evasión masiva en el paraíso fiscal.

La clave entre lo que pasó en el BBVA y Alemania es la misma. Hoy no puede distinguirse la evasión fiscal de la criminalidad organizada y la financiación del terrorismo. Por eso, uno busca alguna cosa en un ámbito y halla otra y viceversa. No es para sorprenderse. Todos usan los mismos métodos, agentes, instituciones bancarias( la industria offshore).

En el episodio alemán cabe, no obstante, destacar algunos apuntes que, sin duda, harán época.

En primer lugar, Alemania ha desvelado y quiere persistir, en el daño que la gran evasión fiscal produce en los Estados correctos, con la complicidad de los paraísos fiscales o territorios de baja fiscalidad. Están Liechtenstein, Andorra y Mónaco ; pero, también, Luxemburgo, Austria y Suiza. Esta evasión de Estado no es baladí, provocando graves perjuicios al interés fiscal de cada Estado ordinario. La evasión fiscal se ha transformado en un monstruo que impide normalizar en límites razonables la contribución al gasto público .La brecha que abre la ocultación no puede cubrirla ni el trabajo asalariado ni la clase media o la pequeña empresa. La mejor rebaja fiscal pasa por reducir la gran evasión fiscal y el blanqueo de dinero.

En segundo, lugar, la actividad inspectora fiscal está desbordada por los fenómenos globales del tráfico ilícito. No llega ni puede a las tramas de fraude fiscal, financiero, económico organizado. Esta actividad parecería que sería más efectiva en el ámbito estrictamente policial, penal, que en el administrativo tributario.

En tercer lugar, el tráfico de la información tiene un precio y si esto es válido en la lucha contra la criminalidad organizada y el blanqueo de capitales, también, debe ser válido para el fraude fiscal organizado. O sea, pagar por los datos que se suministren no es si no otro instrumento más, como los colaboradores o arrepentidos.

2.-Las propuestas políticas están lejos de esta realidad europea. No puede rebajarse la presión fiscal, si antes no se afronta la reducción de la evasión fiscal. La prioridad no es lo que se declara mal, si no lo que no se declara. España es país de gran evasión. Esto no es teórico. El Plan de Control Tributario de 2008 así lo indica, al establecer que las áreas prioritarias de actuación administrativa son:

-tramas de fraude en el IVA.

-promoción inmobiliaria y desarrollos urbanísticos.

-operaciones de ingeniería fiscal y de sociedades interpuestas.

-utilización de paraísos fiscales como plataformas de fraude y blanqueo para la ocultación de rentas y patrimonios.

-utilización de billetes de 500 euros.

-precios de transferencia de las empresas transnacionales.

-importaciones de textiles y calzado asiático.

El primer interrogante a plantearse es si, efectivamente, la Agencia Tributaria es el organismo adecuado para formular las directrices políticas contra la gran evasión y blanqueo de capitales.

Cualquiera que sea la opinión que se sostenga no parece que la respuesta sea positiva.

El mandato contra el fraude, en cualquiera de sus aspectos económicos, financieros, fiscales, es demasiado importante para dejarlo a la Inspección. Y no porque no tengan la aptitud profesional para su descubrimiento, si no porque, hoy, es algo que le va grande, que excede su ámbito de actuación. Si se retoma la idea que no hay compartimentos estancos entre la criminalidad organizada, la financiación del terrorismo y la evasión fiscal resultará que el diseño de lucha debe ser político y de alta especialización técnica. Por un lado, un pacto de Estado entre los partidos políticos representados en el Congreso y, por otro, seguramente, la potenciación de la Policía Judicial financiera y fiscal y juzgados adecuados a su instrucción. El tráfico ilícito es demasiado importante para dejarlo en manos de la Agencia Tributaria.

La base es la actual Policía Judicial, reforzando sus unidades contra la delincuencia económica y fiscal y el blanqueo de capitales. Los órganos administrativos tributarios y aduaneros deberían estar sometidos a su dirección colaborando cuando se les reclame.

El segundo interrogante es que no pueden ofrecerse rebajas fiscales si previamente no se enuncia un plan destinado a reducir la gran evasión. La brecha fiscal entre lo que se recauda y lo que se debería, seguramente , excede más del 25% de la recaudación total. Solo si se implementan decisiones de calado político y técnico, dependientes del Parlamento, pueden afrontarse, con solvencia, las determinaciones de redistribución y disminución de la carga tributaria global.

3.-Finalmente, la compra de datos y noticias de relevancia económica, financiera y fiscal. La sombra del tráfico ilícito es alargada. Los instrumentos que han funcionado en la lucha contra la criminalidad organizada o el terrorismo se proyectan sobre el marco fiscal. Esto plantea problemas de delicado encaje con la protección de los datos personales, del habeas data, pero, señala, al mismo tiempo, la impotencia de las Administraciones tributarias para tener un escenario exhaustivo de los actores del fraude fiscal organizado. Si la actividad investigadora no puede penetrar los muros del secreto bancario, profesional, de los paraísos fiscales está condenada al fracaso. Una cosa es la actividad sobre el peluquero o el farmacéutico y otra bien distinta sobre el gran ahorrista, el gran inversor, el gran especulador. el gran empresario. De ahí la necesidad de reasignar las funciones de descubrimiento económico, financiero, fiscal hacia una prospectiva jurídica política, policial y penal que, paradójicamente, ofrece , también, más garantías procesales y materiales a los implicados que la pura actuación administrativa.

Inglaterra ha hecho pública la compra de datos fiscales de cien contribuyentes en Liechtenstein mediante pago. La moda del pay-per view se extiende. La caza con premio amenaza dilatarse. Así llegaremos pronto a un mercado de compraventa de información fiscal en los paraísos fiscales cuya lógica de mercado es abrumadora y simple. Si no puedo conocer, compro la noticia.

Por cierto, la Administración americana cuenta con la disciplina para premiar a los informadores de fraude fiscal de una cierta dimensión cuantitativa (whistleblower), pero, eso es otro tema.

La evasión, estúpido, hubiera sido un gran lema electoral.

Tulio Rosembuj

Catedrático de la Universidad de Barcelona