LA CRISIS Y LOS MÁS DEBILES

No es difícil ni equivocado indicar que la crisis de mercado la pagan los más débiles. No será a sufrirla el sistema bancario y asegurador, responsable de la burbuja financiera; ni las empresas que especulan con los alimentos de primera necesidad o el cártel del petróleo. Tampoco, aunque lo pidan, los transportistas, agricultores o taxistas. La crisis irreversible, la de no saber como afrontar el día después, la sufrirán los trabajadores. No es demagogia, es pura realidad.

El gobierno ha dejado que la crónica anunciada se convierta en realidad. Todo apunta al empeoramiento de la actividad económica, a la presión de la inflación, y, fundamentalmente, al paro, al desempleo. Un empresario un profesional, un autónomo siempre cuenta con cojines que le mitiguen el primer golpe y, frecuentemente, hasta el segundo.

El trabajador en relación de dependencia carece de protección. No es cierto, puede decirse, tiene la indemnización laboral, la prestación por desempleo. Esto es tutela, Si y no. Son formas de conservación y entretenimiento del capital humano en desuso, pero, insuficientes para la recuperación de su renta personal, que no tiene otra fuente que el trabajo. Lo que modera el desempleo es la vida cotidiana durante algún tiempo, pero, no asegura, en ningún modo, que la pérdida del puesto de trabajo no se convierta en definitiva e irreversible.

El IRPF está diseñado para el trabajador que trabaja, pero, perjudica notablemente el capital humano del trabajo desempleado.

1. Indemnizaciones por despido o cese.

La exención de las indemnizaciones por despido o cese están limitadas a la cuantía obligatoria del Estatuto de los Trabajadores, normativa o sentencia.

Cualquier exceso sobre la cuantía obligatoria es rendimiento del trabajo(sic),aunque no se tenga trabajo.

Primero, no hay fundamento alguno y menos ahora para no equiparar a la indemnizaciones obligadas, aquellas que deriven en despido o cese en virtud de convenio, pacto o contrato o, aún más, los importes de la extinción de los contratos temporales, los despidos disciplinarios procedentes o el propio cese voluntario del trabajador.

Segundo, una medida anticrisis del IRPF de calado social sería eliminar las restricciones fiscales a las exenciones indemnizatorias por despido o cese y postergar cualquiera de sus efectos hasta la recuperación del puesto de trabajo. De ese modo, la indemnización se ajustaría a las necesidades de supervivencia del trabajador y, al mismo tiempo, la renta se situaría en el momento en que el capital humano vuelve a dar sus frutos. No tiene sentido que la indemnización al que pierde empleo, cualquiera que sea su forma o importe, suponga contribuir al gasto público, cuando la fuente de renta no existe.

El cese o despido no puede ser el hecho generador de ningún rendimiento de trabajo sino hasta que ocurra la nueva contratación. La recolocación es el pivote sobre el que se debe fundar la reactivación del capital humano del trabajo y sus frutos. Si no hay fuente tampoco puede haber gravamen.

El desempleo condena al trabajador a una doble pérdida: el envilecimiento de su capital que no vale nada o casi nada sin trabajo y los frutos que le acompañan. La indemnización por cese o despido atiende la conservación o entretenimiento de la fuente, su supervivencia, un resarcimiento por la inactividad, que no se revaloriza salvo en un nuevo empleo.

El previsible aumento del paro alienta medidas que favorezcan el retorno al empleo y entre estas, la flexibillización del régimen indemnizatorio y la suspensión fiscal del impuesto hasta la recolocación.

2.Prestaciones por desempleo.

Hay renta de trabajo, aunque suene a Perogrullo, cuando se trabaja. A la inversa, si no hay prestación laboral tampoco hay fruto. Gravar la prestación de desempleo no tiene en momentos ordinarios justificación alguna y, menos aún en momentos de crisis. La inactividad de la máquina humana solicita su mantenimiento de cara a su futura colocación; pero, esto no puede ni debe considerarse como renta sujeta.

Por un lado, porque atiende al simple consumo de la fuente y su gasto es de conservación; por otro, porque no hay trazos de capacidad económica en un trabajador en el paro.

Es absurdo considerar las prestaciones de desempleo como rentas del trabajo en tiempos de bonanza; pero, es todavía más, si cabe, cuando llegan las tempestades.

Por añadidura es incongruente condicionar la percepción por pago único de la prestación por desempleo a su aplicación como socio de cooperativa de trabajo, sociedad laboral o trabajo autónomo. Un simple y puro trabajador que quiera aprovechar la mala ocasión del paro para formarse en otro oficio o mejorar el que acredita aparece perjudicado en su soledad.¿Dónde está escrito que es más legitimo cooperativizarse, laboralizarse o autonomizarse que seguir en lo de uno y, si es posible, mejorando?.

La especulación desbordada del capitalismo global promovió la burbuja inmobiliaria y financiera. Vienen otras, desde los alimentos, pasando por el petróleo y las divisas. Es una epidemia de codicia general practicada en todas las direcciones a las que solo puede hacerse frente en conjunto, por ejemplo, la Unión Europea, y preservando a los frágiles, a los que no tienen otra reserva que su energía personal.

Toda aquella renta que es fruto del sudor, del sacrificio, de la penosidad debe quedar fuera del impuesto, hasta que retorne el empleo, o sea, hasta que la regulación e intervención en los mercados financieros, bancarios, aseguradores impidan la timba sobre todo lo que se compra y se vende. No se trata de burbujas, sino de un ataque general a la justicia social mínima de países, pueblos, trabajadores. El reverso: impuesto sobre los beneficios extraordinarios del sistema financiero y asegurador, de los importadores y exportadores de alimentos, de las empresas dedicadas al petróleo. A estas últimas se les debería cargar en forma más que proporcional el coste del cambio climático al que coadyuvaron. O sea, a hacer eficiente otras fuentes de energía que no sean fósiles. Pero, esto es otro discurso.

Tulio Rosembuj

Catedrático.Universidad de Barcelona